Contemporánea a la perigordiense es la auriñaciense, algo más compleja. Es originaria del Asia suroccidental y se extiende desde Afganistán hasta el Atlántico. Se continúa viviendo en cuevas, pero sus utensilios demuestran una industria lítica mucho más avanzada, ya que están retocados en las esquinas y afilados con regularidad. Sus formas son muy variadas, y aparecen lanzas y flechas con puntas de hueso. La cultura auriñaciense es la primera en la que está atestiguado el arte. Los primeros restos son huellas de las manos en negativo (pintando la roca de alrededor). Luego aparecieron las figuras, al principio esquemáticas y luego más realistas. Por fin surgen las primeras esculturas, en marfil, piedra, arcilla, etc. Aparecen, se generalizan los adornos de uso personal, como collares. En la decoración predominan los idolillos, símbolo de la fertilidad, la decoración geométrica, etc. Todo ello supone una preocupación por la espiritualidad, y por comunicar ideas y dejarlas plasmadas. Existe una espiritualidad mágica que identifica los pensamientos con los hechos, una espiritualidad animista.
Eran cazadores, preferiblemente de mamut. El mamut es una presa grande que es necesario cazar en grupo, lo que implica una sociedad organizada, y puede que jerarquizada. Esta hipótesis se ve apoyada por la existencia de comercio con otros países.
Esta cultura se caracteriza por sus bastones agujereados (bastones de mando), las primeras agujas de hueso con ojo, y sus utensilios con forma de laurel o de sauce.
En su vida cotidiana se multiplicaron las comodidades: se iluminaron las cavernas con grasas animales, se hacían acopios de carne ahumada y seca, hacían hervir el agua echando dentro piedras calientes, los vestidos se cosían con agujas de hueso, etc. Los instrumentos de hueso sustituyeron, en parte, a los de piedra, ya que eran más finos y prefectos. Incluso se comerció con ellos. También fueron abundantísimos los adornos personales, tanto que debió haber personas dedicadas a ello, lo que supone una sociedad organizada. La cultura magdaleniense sepultó a sus muertos bajo el hogar, con todos sus adornos.
Es de destacar
la perfección que alcanzó su pintura,
aunque su evolución fue lenta, llegaron hasta la tentativa de reproducir
el pelo y las sombras de los animales, como en las cuevas de Altamira,
Lascaux
y Font de Gaume
.
Este arte tendrá una finalidad mágica,
ya que aparecen más veces pintados los animales más difíciles
de cazar.
Pero la sociedad
magdaleniense basaba su economía en la caza,
por lo que su prosperidad dependía de las condiciones naturales.
A finales del Pleistoceno, la etapa interglacial se hizo más intensa,
apareció el clima mediterráneo, los grandes herbívoros
emigraron hacia el norte, y los pueblos se convirtieron en nómadas.
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