En Inglaterra primero, y en todos los países después, se hace un esfuerzo por acceder a la industrialización, pero sin haber abandonado todavía las estructuras económicas del Antiguo Régimen. No obstante, se mejoran las condiciones de vida, ya que desciende la morbilidad de las epidemias, gracias a una higiene más sana, una mejor alimentación y a los avances en medicina. Todo esto supone una reducción significativa de la mortalidad, sobre todo infantil, con lo que se inicia la transición demográfica, y por lo tanto aumenta la población.
En el siglo
XVIII, y con motivo de la industrialización, se imponen nuevas
formas de organización del trabajo, que serán la base
de la revolución industrial. Los gremios entran en crisis, así
como el trabajo en casa; en favor del trabajo asalariado
en las fábricas.
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