El cambio de mentalidad se produce gracias al descubrimiento de los clásicos, que se toman como modelo de cultura. La burguesía se afianza definitivamente en el poder urbano, y su poder económico comienza a superar al de la nobleza; llegando incluso a prestar dinero a los reyes europeos. Pero quien realmente se asienta en el poder es el rey, ya que se difunde el modelo de monarquía absoluta. La nobleza se somete a la autoridad del rey y se hace cortesana, abandonando sus costumbres guerreras, y sus señoríos feudales, de los que solamente obtendrán recursos económicos.
La burguesía es, ante todo, mercantil, que se enriquece gracias al comercio. El comercio europeo crece espectacularmente gracias a la abundancia de oro, plata y moneda, que llega de América.
En el siglo XVI se crean tres grandes países con monarquías absolutas: España, Francia e Inglaterra (con la llegada de los Tudor). La monarquía absoluta implica: que toda la corona se unifica bajo un Estado, para lo que se crea una Administración funcionarial; y que la nobleza se somete a la autoridad del rey, gracias a la alianza de la corona con la burguesía, que le permite conseguir dinero sin recurrir a las Cortes, y organizar un ejército sin recurrir a la nobleza.
En el siglo XVI también tienen lugar cambios en la concepción del mundo, impulsados por los pensadores humanistas. Los cambios más espectaculares se producen en el pensamiento religioso, y en la forma de concebir la Fe. Aparecen la reforma protestante y la contrarreforma católica.
El Humanismo será la ideología que triunfe definitivamente como manifestación cultural. El Humanismo se caracterizará por un antropocentrismo filosófico y religioso, un individualismo típicamente burgués, y el clasicismo como modelo de sabiduría. Los pensadores suelen ser polifacéticos, con un conocimiento universal de la ciencia de su tiempo.
El siglo XVI
se caracteriza, también, por los descubrimientos geográficos,
que cambian definitivamente la concepción popular del mundo. Cae
la cosmovisión tolemaica a manos de Copérnico, Kepler
y Galileo. El cosmopolitismo se impone como ideal, al tiempo que surgen
los Estados nacionales, y se afianza, también, el sentimiento nacional.
El crecimiento económico favorece el incremento de la población, con lo que aumenta la demanda de productos agrícolas e industriales. Además, existen grandes cantidades de dinero, lo que favorece el comercio, aunque aumentará la inflación.
Los grandes
negocios de la burguesía son: el comercio
y la banca. Financieros como los Fúgger
,
Medici
,
Spinola o Stozzi
prestan dinero a los reyes para que financien sus guerras. Pero estos préstamos
no son seguros, ya que es frecuente la bancarrota
de las coronas. Sin embargo, los financieros no pierden
su inversión, ya que consiguen ventajas en
la recaudación de impuestos locales, en la
concesión de señoríos jurisdiccionales
o en las entradas de dinero americano. El comercio
se extiende por todo el mundo, se ha descubierto América, con la
que hay un intenso intercambio, y se abren las rutas marítimas a
Oriente, con quien también hay buenas relaciones comerciales.
La aparición del protestantismo y el calvinismo favorece el ascenso de la burguesía, ya que son concepciones cristianas que defienden el enriquecimiento personal y el comercio, cosa que condenaba el catolicismo. La Reforma se convierte en la ideología religiosa de la nueva clase social, por su defensa del lucro honesto y del precio justo, al mismo tiempo que respeta el espíritu gremial.
En esta época aparecen las primeras sociedades anónimas. Estas son entidades comerciales y financieras abstractas, por lo que no es posible responsabilizar a nadie en caso de fraude. Por ser irresponsables, las sociedades anónimas tendieron a prohibirse por la autoridad en un primer momento; sin embargo, fueron las que impulsaron decididamente el comercio marítimo de ultramar, lo que significaba muchos ingresos para la corona. Las sociedades anónimas debían tener las cuentas claras, por lo que apareció la contabilidad de empresa; y el nacimiento de la Economía como ciencia.
El comercio internacional favorece la creación de un mercado nacional, si bien sólo de ciertos productos de lujo y semilujo, que viajan «libremente» dentro de los territorios de la corona. Sin embargo, no había la misma libertad con otros productos, para los que había mercados protegidos. Los Estados crean una Hacienda pública para llevar las cuentas de la corona y recaudar impuestos. Como la recaudación de impuestos es muy costosa, se suele acudir a la subasta de encabezamientos, y al préstamo bancario por medio de los contratos de asiento, con los banqueros más importantes de Europa.
La burguesía industrial tiene un desarrollo mucho menor, ya que no hay una tecnología nueva que impulse otros sistemas de producción.
En el siglo
XVI los impuestos campesinos dejaron de cobrarse en
especie y comenzaron a recaudarse en dinero. Este
cambio implicó que todo el mundo tuviese que disponer
de monedas para pagar los impuestos, y que las rentas recaudadas
no
tuviesen que ser consumidas en el lugar donde se generaban.
Esta circunstancia favorece que la nobleza se asiente en
la Corte, pero también permitió la acumulación
de capitales entre los campesinos ya que debían vender
su producción en el mercado, al mejor postor, lo que les
permitió quedarse con los excedentes en dinero.
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