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Consolidación y desvirtuación del sistema: Felipe II y el siglo XVII

     A pesar de los esfuerzos de la monarquía por proteger a los indios, y por controlar el comercio con las Indias, la realidad es muy diferente, y el trabajo y la explotación indígena está a la orden del día. Sin embargo, se observan ciertos cambios. Los indios litigan con éxito ante la audiencia, ya han aprendido los mecanismos de la justicia española. Sin embargo, las audiencias de Nueva España en 1559, y de Perú en 1568, permiten reprimir por la fuerza a los indios que dificulten la pacificación.

     En 1573 se promulgan unas Ordenanzas de Nuevos Descubrimientos y Poblaciones, que consagra la conquista pacífica y la persuasión de los indios, pero que permiten defenderse con las armas en caso de peligro. La reglamentación de la vida en las Indias es una magna obra legislativa. Se concede supremacía al poder político, al gobierno sobre la audiencia, con lo que se permiten los abusos de poder, al ser el virrey el responsable del repartimiento de trabajos y mercancías. En caso de conflicto entre el virrey y la audiencia resolvería el rey, mientras tanto prevalecía la resolución del virrey.

     La corrupción se estableció en las Indias como modelo de gobierno, a causa de la venta de oficios públicos, que a pesar de ser nombrados por el rey, eran vendidos para conseguir un beneficio rápido. Se vendieron todos los oficios, pero sobre todo los bajos: secretarios, alférez mayor, etc., que tenían sueldo y voto en el municipio. Ante la magnitud del fenómeno y de la imposibilidad de erradicar la costumbre, desde 1558 quien vende los oficios es la propia corona; lo que produce un auténtico caos en la Hacienda, ya que se crea una oligarquía indiana. Con esta medida la corona se reserva el derecho de nombramiento de los cargos públicos. La venta sigue un proceso estipulado: anuncio público, subasta, plazo de tres años y confirmación por el rey.

     Otro de los problemas de las indias fue la vigencia de la encomienda. La encomienda se prohibió en múltiples ocasiones, pero se consagró el trabajo forzoso de indios, por un salario, generalmente mínimo, que junto a la trata de negros fue la base de la fuerza de trabajo. En esta época no es extraño el forzar a alguien, sin ocupación reconocida y sin recursos, a trabajar por un salario. Son muy comunes en Europa las leyes de vagos o las levas. El encargado, en las Indias, de esta misión era el juez repartidor. En Perú la mita fue toda una institución, básica para la economía del país. La corona no intentó detener el repartimiento por miedo a quedarse sin el comercio americano. La alianza entre los poderosos y los hacendados hizo prevalecer la institución. Sin embargo, esta medida no dejaba de tener su contradicción, puesto que había suficientes indios dispuestos a trabajar por un salario, sobre todo en Nuevo México, y se podían explotar los recursos naturales con ellos. Claro que con la encomienda salían más baratos.

     Otra de las instituciones importantes de la economía indiana era el repartimiento de mercancías, que tuvo su auge en el siglo XVIII y que fue un medio importante en el control del comercio con las Indias. Las mercancías que se podían exportar a España debían ser autorizadas por los gobernadores y los magistrados. Este control ejercido por los magistrados y los hacendados privilegiados fue fuente de corrupción, ya que vendían sus mercancías quien más pagase.
 

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