Las luchas entre ellas son continuas, y la desunión de los musulmanes les pone en una posición militar inferior, ante el empuje de los reinos cristianos del norte. Ahora son los musulmanes quienes deben pagar parias, y la Reconquista avanza de manera imparable. Las taifas de la frontera pierden territorio en favor de los reinos cristianos. En el año 1085 se conquista Toledo, la taifa más grande y una de las ciudades más importantes e islamizadas de el al-Ándalus. Toledo era, además, la antigua capital del reino visigodo. Sin embargo, para entonces la división en taifas era absoluta y su caída no implicó ningún cambio grave en la estructura social de los reinos de taifas. Las taifas, según periodos, fueron muy débiles, lo que permitió que un caballero aventurero como el Cid conquistase la taifa de Valencia en el 1094.
La legitimidad
en las taifas se logró porque el malik
gobernaba en nombre del califa, aunque el califa no existiese. El único
que intentó romper esta ficción fue la del malik de Sevilla,
una taifa que absorbió a las que tenía a su alrededor. En
el 1060 conquistó Córdoba, pero no logró
imponerse en el al-Ándalus. Para mantenerse en su taifa cada malik
gobernó despóticamente, lo que generalizó
la corrupción y debilitó a las taifas. El comercio
con el exterior disminuyó extraordinariamente, y las taifas se fueron
empobreciendo.
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