La expansión económica del reino favorece la aparición y el asentamiento de la burguesía urbana. Durante el siglo XIV los señores feudales intentan dominar el poder real, generando una fuerte diferenciación entre territorios feudales y de realengo. Esta situación favorece el localismo jurídico. El rey intentará recuperar su poder creando una legislación uniforme, a través de la concesión del mismo fuero a distintas ciudades, y extendiéndolo a todo el territorio de su alfoz. Estos fueros determinan los usos y costumbres de las villas y de ellos dependen los conceptos de naturaleza y extranjería. Las instituciones de los reinos más poderosos se van instalando en los conquistados. De esta manera se crea un incipiente Estado. Los reinos conquistados asumen las leyes (a través del fuero), los jueces, etc. Pero no hay integración de los reinos, sino una relación de vasallaje feudal. Los conflictos entre el rey y el reino se resuelven pactando. Los oficios que se encargan de mantener el orden público y ejecutar las sentencias reales son: el lugarteniente, el gobernador y el sobrejuntero, que evolucionarán hasta llegar a ser los virreyes. En Cataluña siguen vigentes las castellanías y las bailías, que eran administraciones locales, aunque hay una tendencia hacia la concentración. Las Cortes de todos los reinos permanecen separadas, y se crean los Consejos del Rey en todas las ciudades. A estos consejos pertenece, principalmente, la burguesía. Pero el rey tiende a no cumplir los compromisos que adquiere con las Cortes o con los consejos. Estos, para obligar al rey, tienden a recoger por escrito las decisiones, en documentos que se conocen como constitucions. Estas constitucions eran concedidas por el rey, ya que él era el único con poder para crear leyes. Las leyes las creaba a través de las pragmáticas. Estas soluciones de compromiso serán una constante en la corona, y las ciudades las reclamarán siempre. A finales del siglo XV aparecen tensiones entre el autoritarismo real y el pactismo medieval.
Los recursos económicos llegaban al rey a través del cobro de impuestos y de parias. Aunque el ingreso por parias se termina con la Reconquista, se continúan cobrando como ingresos extraordinarios. Además, se imponen parias a los reinos del norte de África.
Aragón es una gran potencia que intenta crear un estado a ambos lados del Pirineo; y expandirse por el Mediterráneo. El impulso de la expansión mediterránea se debe a la burguesía mercantil, sobre todo barcelonesa. En 1230 se conquista Baleares, en 1283 Sicilia, en 1380 una expedición mercenaria conquista Atenas y Neopatria, en 1443 Nápoles, que entra en la Corona de Aragón por herencia. También se intentará conquistar Albania. Aragón pretende controlar la ruta de las especias con un tratado entre Jaime II y el rey mongol Kasán, en 1300. Con el dominio aragonés la seguridad de navegación por el Mediterráneo aumenta. También se dominará el norte de África, con la conquista de Bugía, Trípoli y Túnez. Sin embargo, este dominio se tambalea tras la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1453.
En 1412 tiene lugar el Compromiso de Caspe, según el cual a la muerte sin herederos de Martín el Humano, y ante la falta de una legislación sobre sucesiones en la corona, se nombró rey al regente de Castilla Fernando de Trastamara. Está es una solución típicamente aragonesa, en la que se pone de relieve el pactismo de los reyes: una de las características de la corona. Las dos monarquías más poderosas de la península tienden a unirse.
El modelo municipal aragonés fue exportado a los reinos mediterráneos. Tienen mucha autonomía frente al rey y los señores feudales, gracias a sus fueros. El representante del rey en el municipio era el veguer, que tenía funciones judiciales, gubernativas y militares.
El matrimonio seguía el régimen dotal, en el que ambos esposos eran dueños de todos los bienes gananciales, y la mujer los podía administrar. Además, se generaliza el mayorazgo en la herencia. Es la época de la recepción del Derecho romano.
También
se organizan los gremios profesionales, particularmente
los de comerciantes, y se crean en todas las ciudades con mercado los
consulados, como el Consulado del Mar, en Barcelona o en Valencia.
Estos consulados son asociaciones privilegiadas, con
su jurisdicción y sus jueces.
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