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La influencia del positivismo en la Historia e Historiografía

  Por Fabián Bustamante (www.combatesporlahistoria.blogspot.com)

    A modo de introducción, entendemos por historia como el registro escrito de lo que se conoce sobre las vidas y sociedades humanas del pasado y la forma en que los historiadores han intentado estudiarlas. Por consiguiente, llamemos historiografía al arte de escribir  la historia. Quizá la historia sea la disciplina más complicada de definir, ya que al intentar develar los hechos y formular un relato que sea inteligible y coherente, implica el uso de muchas disciplinas auxiliares. El objetivo de todos los historiadores ha consistido en recopilar, registrar e intentar analizar todos los hechos del pasado del hombre y, en ocasiones, descubrir nuevos acontecimientos. Por consiguiente, “la historia es inseparable del historiador”[1]

    Los hechos históricos son conocidos, salvo en casos excepcionales en los que el historiador es testigo de los propios acontecimientos, a través de fuentes intermedias, que pueden ser los testimonios de los testigos de los hechos en sí, relatos escritos, archivos y otras muchas fuentes que proporcionan las pruebas con que el historiador descifra los hechos históricos.

    Pues bien, el objetivo de la historia no se cumple por completo por el mero relato de los acontecimientos. Éstas sólo constituyen los cimientos sobre los que se elabora la interpretación histórica. El proceso de interpretación afecta todos los aspectos de la investigación, iniciada con la selección del tema que se pretende estudiar, porque la elección de un hecho en particular es en sí misma un juicio que manifiesta la importancia de la cuestión. Al elegir el objeto de estudio sugiere una hipótesis o modelo teórico provisional que guía la investigación y ayuda al historiador a valorar y clasificar los testimonios disponibles y a presentar un relato detallado y coherente a la vez del elemento analizado. Por eso, el historiador debe respetar los hechos, evitar la ignorancia y los errores cuanto sea posible y aportar una interpretación convincente e intelectualmente satisfactoria.

    La historia de la historiografía como tal, también tiene su historia. El cómo escribir la historia ha sido pregunta que goza de una larga tradición en la historiografía, que se remonta a Heródoto y Tucídides  y que se remonta hasta nuestros días. En Heródoto, reconocido como el padre la historiografía, en su libro Historias su finalidad es que determinados acontecimientos no queden en el olvido, perpetuando así en la memoria de los hombres su pasado. Por otras parte, para Tucídides, su enfoque se caracterizaba de una gran objetividad perceptiva, es decir, su método sirve para buscar la verdad y la exactitud con el fin de que la historia tenga utilidad, aceptando la tradición oral sólo si es controlada y haciendo especial énfasis en el correcto uso de la observación de los hechos. ¿Será esto un preludio a lo que será el positivismo historiográfico? Más aún, para darle una mayor intensidad a su historia, puso en sus estudios, las figuras principales de la guerra discursos legendarios y dramáticos.

    Y así sucesivamente la historia de la historiografía va pasando por diversos períodos, hasta que llegó el siglo XIX con la obra  e influencia del “…creador de la historiografía contemporánea y el exponente máximo de la corriente positivista de la historia.”[2] Influenciado por el positivismo “…es un sistema filosófico basado en la experiencia y en el conocimiento empírico de los fenómenos naturales. El término positivismo fue utilizado por primera vez por el sociólogo francés Auguste Comte”.[3] Gracias al positivismo de Comte, la historia alcanzó su identidad como disciplina académica independiente, dotada de su propio método crítico y de análisis que exigía una rigurosa preparación. Para Ranke, había dos caminos para conocer los hechos humanos, el filósofo y el histórico. El primero era de abstracción. Entonces, ¿Qué postulaba el señor Ranke para el estudio de la Historia? Él postulaba desapasionada objetividad como punto de vista propio del historiador. Los historiadores debían tomar la historia como un agregado de hechos particulares y no tener los ojos puestos en el aspecto universal de las cosas, es decir,
Monografías pero sin compresión global del fenómeno. Además de esto, Ranke hizo de la consulta de las fuentes una ley de reconstrucción histórica.

    En definitiva, la historia para Ranke no pasa ser una mera sistematización de los documentos históricos que el historiador solo debe ordenar en su intento de reconstruir el pasado. Gracias a eso, progresó de forma sustancial en la crítica de las fuentes, más allá de los logros de los especialistas en antigüedades, al tener en consideración las circunstancias históricas del escritor que se convirtieron en clave para evaluar los documentos. En este sentido es muy rescatable el aporta que hicieron los positivistas decimonónicos a la historia. Esta combinación de la objetividad del historiador (al menos como ideal) con la aguda observación de que todos los historiadores son producto de su tiempo y entorno, y que por tanto sus relatos son necesariamente subjetivos, auguraba la ruptura de la conexión de la historiografía clásica con el arte literario, de carácter intuitivo, y la alineaba con la moderna investigación científica. Muchos historiadores se sintieron influidos por el método de este alemán y rápidamente adoptaron el positivismo para hacer historia.

    Como dice el filósofo alemán Carl Hempel acerca de la historia: “En la historia, como en cualquier otra ciencia empírica, explicar un fenómeno consiste en subsumirlo bajo leyes generales empíricas…”[4] En esta frase Hempel nos deja claro su postura positivista lógica. Las leyes a la cual habla Hempel, no sirven de mucho en la historia, ya que no permite deducciones generales. El afán de los positivistas en hacer de la historia, una “ciencia exacta”, es imposible porque el objeto de estudio es el ser humano, que tiene un grado de racionalidad, por tanto sus conductas no pueden ser como la de un animal. Los hechos históricos no se pueden repetir. Como dice Pagés: “…el historiador sólo puede interpretar la necesidad de un hecho histórico en la medida en que ya haya sucedido, pues todas la hipótesis que barajase sobre lo que hubiese podido conocer si se hubiese actuado de otra manera constituyen, en el mejor de los casos, meras especulaciones.”[5]

    En definitiva, Ranke quería hacer de la historia una ciencia exacta basada en la máxima objetividad, rigurosidad de los hechos, dotándolo de un método científico, de iguales características. Sin embargo, ¿cómo consideran los positivistas que la historia sea una ciencia? Para los positivistas, la observación a través de la experiencia de los hechos históricos llevaba a una acumulación de los datos comprobados en forma crítica, a través de un vasto conocimiento de los documentos. Los hechos están en los documentos, sólo hay que criticar a la fuente de manera objetiva, tratando de no aplicar el análisis subjetivo del autor. Es entonces que el positivismo “… habría depurado los acontecimientos de su carga emocional, limando sus asperezas, eliminando las pasiones, permitiendo que el historiador disectara los hechos para evaluarlos correctamente…”[6] En ello descansaba el carácter científico positivista de la historia,”…sin que ésta tuviera que preocuparse de establecer leyes ni relaciones causales, tarea que debía ocuparse la sociología”.[7] Por tanto, el método inductivo del que partía el positivismo establecía dos fases de desarrollo: la acumulación de datos a través de la observación (tarea reservada a la historia) y la formulación de las leyes a partir de esos datos (tarea de la sociología). Pero, de ninguna manera, el historiador debía sobrepasar la barrera de la acumulación y ordenación de los datos.[8]

    Por otra parte, las fuentes escritas que utilizaban los positivistas estaban “…en documentos oficiales procedentes de los gobiernos y conservados en archivos”[9]. Hay que mantener una cierta distancia entre el sujeto-objeto para que la interpretación, digámoslo así, no sea desvirtuada por la subjetividad del historiador. Por lo tanto, “toda injerencia de aspectos teóricos o filosóficos, interpretativos o valorativos, supondría falsear el carácter  “exacto” que debe poseer la historia”.[10] Esta actitud de los historiadores positivistas, discípulos de Ranke, a negarse a teorizar sobre la historia había sido una constante general durante varios siglos, en los que las reflexiones sobre la evolución histórica, la historia universal y la sociedad se hacían sobre todo desde el campo de la filosofía o de la política, pero no de la historia.

    Desde San Agustín hasta las más recientes metafísicas de la historia, pasando por Maquiavelo, Montesquieu o Marx, las teorías de la historia surgían como un quehacer más de las reflexiones filosóficas o de las necesidades políticas, un quehacer del cual surgirá una rama especifica de la filosofía: la filosofía de la historia. De esta manera, el positivismo rankeano impedía “…que los historiadores reflexionasen teóricamente sobre el objeto de estudio.” [11] Veamos lo que nos dice Hempel sobre la teoría: “…el éxito predictivo de la teoría es ciertamente prueba relevante de su corrección, es importante asegurar que la predicción exacta sea de hecho obtenible mediante la teoría en cuestión.”[12] Al parecer el señor Hempel, y dadas sus características positivistas, cree saber que para lograr un buen estudio histórico, se necesita una teoría ¿exacta? Y si no fuera exacta esa teoría la historia ¿dejaría de ser científica? Ha habido mucha controversia si la historia es o no científica, unos plantean que la historia que es imposible en la esfera de las ciencias sociales establecer leyes científicas, otros defienden la unicidad de la ciencia y “…señalan la semejanza fundamental de la materia de investigación, tanto en el caso de las ciencias naturales como en las sociales”[13] Esta postura de Topolsky viene a ser corroborada por la creciente interdisciplinariedad entre las distintas ramas de las ciencias, que impide establecer divisiones claras entre ellas. Y, además, porque la unidad de la ciencia puede afirmarse por la propia unidad del objeto de estudio en cuestión.

    Como dice el historiador inglés Carr: “Los científicos, los especialistas de las ciencias sociales y los historiadores, se encuentran todos trabajando en distintas ramas del mismo estudio: el estudio del hombre y de su mundo circundante, de los efectos de éste sobre el hombre, y de los efectos del hombre sobre el mundo que le rodea. El objeto que se propone alcanzar la investigación es el mismo: incrementar la comprensión y la dominación de su ambiente por el hombre.”[14] De acuerdo a esto, la polémica sobre la cientificidad o no de la historia disminuye, pierde todo su sentido. Otra característica del positivismo es que la historia es sólo los hechos pasados, si nos damos cuenta un historiador cree que la historia está en los documentos y a través del análisis podemos ordenar esos hechos para nuestra comprensión. El gran historiador francés Lucien Febrve la calificaba como la “historia historizante”, que consistía en una historia como ciencia del pasado sin más, pasado que no poseía ninguna relación ni contacto con el presente.[15] Cómo puede apreciarse el positivismo rechaza la contemporaneidad o más bien la historia del presente.  En esta corriente historiográfica además hay una exaltación por los “grandes hombres”, “grandes batallas”, “grandes instituciones” y cómo también a la historia-acontecimiento caracterizado por la cronología. Este tipo de historia fue predominante en el siglo XIX, y cómo tiene una visión desde arriba, prácticamente despojan a las personas comunes y corrientes, dejándolas “sin historia”.

    Como dije anteriormente está historia es prácticamente oficialista, vista desde arriba, pero mi pregunta es ¿será que toda la historiografía está en documentos oficiales con una mirada desde arriba? Antaño, no había un análisis tan exhaustivo (lo digo en el sentido de utilizar otras disciplinas como la sociología, antropología) como el de ahora porque sólo se dedicaban a buscar los documentos y escribir los “los grandes acontecimientos” marcado, como es obvio, por fechas. Se ha dado forma a los acontecimientos de una manera cronológica, tal como lo hace el positivismo decimonónico, y vista desde el poder. ¿Por qué digo esto? Analógicamente hablando es como decir “el que gana la guerra escribe la historia”, por lo menos yo lo veo así.  Prácticamente a la historia según el positivismo hay que “ordenarle un par de fechas” sin análisis, las fechas no importan, lo demás no existe. O más aún, nos enseñan el tiempo pasado para que nos resignemos a él para que en el tiempo presente no hagamos historia porque ya estaba hecha y ahora sólo hay que aceptarla como tal. “Una imagen eterna del pasado, la cual sólo tenemos que mirar con atención para darnos cuenta que no es más que aquello que sucedió antes que hoy, porque así tenía que suceder…”[16] Ahora, si hay algo evidente en la historiografía es que a partir del historiador mismo, es tan subjetiva como lo es el propio hombre, y en esa subjetividad está un elemento qué es la manipulación.

    El poder político hace a la historia como instrumento de manipulación para un interés particular. Por tanto, esos historiadores son humanos y por ello, también están empapados con la sociedad y con su cultura que los rodea. Es por ello, que sienten y se ven atraídos por determinados pensamientos e ideologías.

    No hay historiador que sea prácticamente “puro” u objetivo. Es muy cierto, que en el proceso de interpretación afecta a la investigación histórica porque ya con la selección de un tema a tratar, se está haciendo una elección, tanto de una sociedad o institución en particular es en sí misma un juicio que manifiesta la importancia de la cuestión. El positivismo historiográfico no fue tan objetivista, y es más estuvo vinculado  a las esferas de poder, por tanto si tengo el poder y las herramientas de poner lo que yo deseo, de acuerdo a mi pensamiento, y lo que no es “conveniente”, tanto para mi ideología o para una institución particular a la cual pertenezco, lo soslayo.

    Un ejemplo para terminar, aquí mismo en Chile casi todos los escritos hacen referencia a lo mismo de siempre, “grandes batallas, personajes, fechas” como reivindicando al nacionalismo más extremo. “De un tiempo a esta parte hemos percibido un recrudecimiento notorio de la tendencia de algunos sectores de la sociedad nacional a manipular y acomodar la verdad publica sobre el ultimo medio siglo de la historia de Chile, a objetos de justificar determinados hechos, magnificar ciertos resultados y acallar otros; casi siempre, con el afán de legitimar algo que es difícilmente es legitimable y tornar verdadero u objetivo de lo que no es, o es solo la auto imagen de algunos grupos”.[17]
 Y eso se ve explícitamente en la enseñanza que se hace en los colegios de nuestra historia de Chile, que uno como alumno tenía que aprenderse los nombres de nuestros próceres, las fechas de las batallas etc…para seguir con ese continium de esa historia quieta, muda, en donde no se enseña otra cosa que la historia que algunos quieren que se sepa; una parte de ella pero, ¿la otra mitad? ¿Dónde queda?  

Bibliografía


Burke, Peter.
Formas de hacer historia. Madrid, España. Editorial Alianza, 2001.

CODERA, Maximiliano. Fines de la historia [en línea]. 14 – 18 de Julio 2004. [Fecha de consulta: 5 de junio 2005.
Disponible en: http://www.h-debate.com/Spanish/debateesp/fines/fuentes.htm.


Carr, E.H. ¿Qué es la Historia? Barcelona, España. Editorial Planeta- de Agostini, 1993.

Gimeno, Francisco, Taibo, Carlos, Palau, Joaquín. Nueva enciclopedia temática planeta.   Barcelona, España. Editorial Planeta, 1991.

Grez, Sergio y Salazar, Gabriel. Manifiesto de historiadores. Santiago de Chile. Editorial LOM, 1999.

Hempel, Carl. La explicación científica: Estudios sobre la filosofía de la ciencia. Barcelona, España. Editorial Paidós, 1979.
Marrou, Henri-Ireéne. El conocimiento histórico. Barcelona, España. Editorial Idea Universitaria, 1999.

Pagés, Pelai. Introducción a la historia. Barcelona, España. Editorial Barcanova, 1983.

Topolsky, Jerzy. Metodología de la Historia. Madrid, España. Editorial Catedra, 1985.

Referencias bibliográficas

Febrve, Lucien. Combates por la Historia. Barcelona, España. Editorial Arial, 1970.


[1] Marrou, Henri-Ireéne. El conocimiento histórico. Barcelona, España. Editorial Idea Universitaria, 1999. p. 41.

[2] Pagés, Pelai. Introducción a la historia. Barcelona, España. Editorial Barcanova, 1983. P. 165.

[3] Gimeno, Francisco, Taibo, Carlos, Palau, Joaquín. Nueva enciclopedia temática planeta. Barcelona, España. Editorial Planeta, 1991. p. 211.

[4] Hempel, Carl. La explicación científica: Estudios sobre la filosofía de la ciencia. Barcelona, España. Editorial Paidós, 1979. p.243.

[5] Pagés, Pelai. Op.cit. p.36.

[6] Grez, Sergio y Salazar, Gabriel. Manifiesto de historiadores. Santiago de Chile. Editorial LOM, 1999.  p.90.

[7] Pagés, Pelai. Op.cit. p.91.

[8] Idea sacada del libro de Pelai Pagés, Introducción a la Historia. p.93.

[9] Burke, Peter. Formas de hacer historia. Madrid, España. Editorial Alianza, 2001. p. 18.

[10] Según lo expuesto por el profesor Aldo Yávar en su cátedra de Historia de la Historiografía el 25 de agosto del 2005.

[11] Marrou, Henri-Ireéne. Op.cit. p. 12.

[12] Hempel, Carl. Op.cit. p. 241.

[13] Topolsky, Jerzy. Metodología de la Historia. Madrid, España. Editorial Catedra, 1985. p.509.

[14] Carr, E.H. ¿Qué es la Historia? Barcelona, España. Editorial Planeta- de Agostini, 1993. p. 116.

[15] Referencia extraída del libro Combates por la Historia de Lucien Febrve. Barcelona, Arial, 1970. P. 70.

[16] CODERA, Maximiliano. Fines de la historia [en línea]. 14 – 18 de Julio 2004. [Fecha de consulta: 13 de junio 2005. Disponible en: http://www.h-debate.com/Spanish/debateesp/fines/fuentes.htm.

[17] Grez, Sergio y Salazar, Gabriel. Op.cit. p. 7.


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