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El Mercado Común Europeo

     En 1955 los ministros de Asuntos Exteriores y de Economía de los países de la CECA deciden ampliar el acuerdo a toda la economía. Esto implicaba, al mismo y tiempo, una unificación previa del régimen arancelario con respecto a terceros países, la armonización de la política general en materia económica, la coordinación de la política monetaria, la libre circulación de la mano de obra, la creación de unas reglas de competencia comunes, la creación de un fondo de inversión para las economías menos desarrolladas, y la armonización reglamentaria en el terreno social y su homologación.

     Todo esto se recoge en el Informe Spaak, un estudio previo de un grupo de expertos que definió las grandes líneas del contenido del Mercado Común. Este mercado común debería tener un órgano independiente y permanente, que lleve la iniciativa de las decisiones, la Comisión Europea, un Tribunal de Justicia y una Asamblea Legislativa. Desde el principio se distinguieron dos posturas en la construcción de la Comunidad Europea: la liberal, que pretendía una simple reducción de los obstáculos al comercio, y la social que abogaba por extender el compromiso a las condiciones sociales, que influirían en el precio del producto, y la compensación con las regiones más pobres, lo que implicaba una armonización de la economía.

     Las negociaciones tuvieron lugar en Bruselas en 1956. El resultado fue la puesta en común de los mercados y los recursos, y el equilibrio global de la economía. Pero no se suprimen las aduanas. Se tiende a la armonización social de las condiciones de trabajo. En estas condiciones se firma en 1957 el Tratado de Roma.

     El Tratado de Roma no crea una zona de libre cambio, sino una unión aduanera. El objetivo es arrastrar a los países a una unión económica y política irreversible, pero con cuidado, para que no surjan posturas intransigentes.

     En 1957 son seis los firmantes del Tratado de Roma: Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Holanda y Luxemburgo. La Europa de los seis, que tienen relaciones privilegiadas con otras asociaciones parecidas como la EFTA (Asociación Europea de Libre Comercio), de carácter mucho más limitado y compuesta por los países nórdicos.

     El Mercado Común Europeo (CEE, Comunidad Económica Europea) pronto se revela como la mejor asociación de países para permitir el desarrollo económico, y todas las naciones quieren formar parte de él. En 1970 España firma una acuerdo comercial preferencial con la CEE. En 1972 Noruega pide la integración en el Mercado Común, pero un referéndum popular lo impide, y el intento queda frustrado.

     En 1973 nace la Europa de los nueve, al firmar el Tratado de Roma Inglaterra, Irlanda y Dinamarca. En 1973 hay una profunda crisis económica, pero la incorporación de estos tres países, a pesar de las dificultades, da un impulso decisivo a la Comunidad Económica Europea, hacia el desarrollo comunitario y la integración.

     En 1974 se decide que el Parlamento Comunitario se vote en elecciones libres y directas por los ciudadanos, con una vigencia de cinco años. Y en 1978 se instaura el sistema monetario europeo, el ECU (Unidad de Cuenta Europea) que entra en vigor el 1 de enero de 1979. La CEE es una realidad indiscutible, que cada vez tiene más prestigio y es garantía de crecimiento económico, por eso los países que aún están fuera quieren entrar.

     En 1981 firma el Tratado de Roma Grecia, naciendo así la Europa de los diez. La incorporación de Grecia, un país del sur predominantemente agrícola, crea dificultades con la política agraria común (PAC).

     En 1982 sale Groenlandia de la Comunidad, su lejanía con respecto a Europa implica que no se vea tan beneficiada como el resto de Dinamarca.

     Pero la CEE no sólo toma medidas económicas, sino también en el campo de la investigación y la tecnología, con la firma del Acuerdo del EURATÓN, para el desarrollo de la energía atómica. También hay proyectos para mejorar las instituciones, con el fin de llegar a la unión política. En 1983 surge el Anteproyecto de la Unión Europea, y en 1985 se hace el Informe DoogePronunciado /dug/, sobre las reformas institucionales necesarias.

     En 1986 firman el Tratado de Roma España y Portugal, naciendo, así, la Europa de los doce. Estos países, como Grecia, pertenecen al sur mediterráneo, lo que traerá dificultades en la PAC. Además, las preocupaciones sociales toman más relevancia, ya que estos países tienen muchas zonas desfavorecidas económicamente. Su ingreso en la CEE se hace en pleno proceso de unificación política. En estos momentos la CEE ha cumplido los objetivos para los que se creó, y ha crecido tanto que se hace necesario un nuevo tratado. El 3 de octubre de 1990 se vuelve a unificar Alemania, al desaparece la República Democrática Alemana, integrándose en una sola, con lo que, de hecho, la Unión Europea crece, aunque no formalmente.

     En 1992 se firma en Maastricht el nuevo tratado, el Tratado de la Unión Europea (UE). Este nuevo tratado ha de ser ratificado por los diferentes países, no sin dificultades, como el caso de Dinamarca que rechaza el tratado en referéndum, aunque posteriormente lo ratificará.

     En 1995 firman el Tratado de Maastricht Austria, Suecia y Finlandia. Noruega rechaza en referéndum, una vez más, su incorporación. Nace así la Europa de los quince, con lo que se desvía el equilibrio europeo hacia los países del norte, más ricos e industrializados; aunque los países nórdicos tienen una amplia tradición de compensación de las desigualdades sociales.
 

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