La idea de Europa es una construcción humana, puesto que a diferencia de otros continentes que tienen una unidad geográfica muy definida, Europa, en realidad, no es más que una península de Asia. Claro que eso no lo sabían los antiguos, que dividieron el mundo en continentes. Sin embargo, en esa península se dan una serie de características comunes que la individualizan, características fundamentalmente de tipo cultural. Europa es la cuna de la civilización clásica grecolatina, una civilización que hizo del latín la lengua común hasta mucho después de que hubiese dejado de ser utilizada por el pueblo, puesto que se mantuvo en las universidades, los monasterios y la liturgia, como lengua culta y de transmisión de saber. Con el tiempo esta sociedad se convertiría en el modelo civilizador de todo el mundo y llegaría a dominarlo. Otro de los aspectos culturales que unifican Europa es su base cristiana, que en épocas precontemporáneas, como la Edad Media o la Edad Moderna, es lo que constituye la auténtica unidad de Europa, sobre todo ante el peligro de invasión musulmana. Además, esta idea es la que constituye el centro del concepto de Imperio, desde el Sacro Imperio Romano Germánico a la república cristiana y la monarquía universal de Carlos V. Esta idea de Imperio y dominio persiste hasta la Europa del liberalismo y las guerras napoleónicas, los imperialismos y la paz armada. Sólo después de la segunda guerra mundial, ante el espectáculo de una Europa devastada, la pérdida de la hegemonía mundial y el inicio de la guerra fría, se ve la necesidad de una Europa unida que pueda recuperar su nivel de potencia mundial ante la política de bloques.
Sin embargo,
la idea de que la unidad de Europa, puede ser la solución
a las continuas guerras en las que se ve inmersa
periódicamente. Estas ideas se remontan al siglo XVII
y tienen su máxima expresión en la defensa contra el peligro
exterior que supone la lucha contra el islam. Pero es, ante todo, una postura
de los intelectuales como Andrés Laguna, Luis
Vives, el abate Saint-Pierre
,
Rousseau
,
Kant o Benthon
.
En el siglo XIX el internacionalismo obrero, los comunistas partidarios, también, del internacionalismo, los anarquistas, que fuera de todo Estado sueñan con la libre adhesión de ciudades, son los exponentes más claros de las posturas de unión europea. Aunque esto se queda en buenas intenciones cuando las guerras hacen tomar a la clase obrera posturas nacionalistas.
También
el nacionalismo expansivo del siglo XIX sueña
con unificar Europa, aunque en realidad lo que pretende es aprovechar el
impulso
unificador de países como Italia o Alemania, para que hombres
como Giuseppe Mazzini
sueñe con conseguir a escala europea lo que ha conseguido en Italia.
De esta postura es partidario también Víctor Hugo.
Pero nada de
esto va más allá de la pura especulación o las guerras
de conquista, hasta después de la primera guerra mundial.
Tras la paz de Versalles los países que han estado en guerra y han
vencido, sienten en la necesidad de crear instituciones internacionales
que garanticen la paz. El resultado de todo eso es la creación de
la
Sociedad de Naciones, y será en este foro donde se
plantee por primera vez la idea de una Europa unida en lo político
y lo económico. Será
Coudehove Kalergi
quien en 1922 lance por primera vez la idea
paneuropea. Pero esto no será más que un ideal político.
En 1924 se promulga un manifiesto en el que se recogen estos ideales, pero
habrá que esperar a 1925 para que se firme
el Tratado de Locarno, que no deja de ser la plasmación
de unas buenas intenciones políticas.
Las ventajas de la unificación europea estaban patentes desde que en 1923 se unieron Bélgica y Luxemburgo. Este es un auténtico antecedente, por lo que tiene de acuerdo entre los pueblos y los gobiernos. A ellos se les uniría Holanda en 1943 formando el Benelux. En 1929 la Sociedad de Naciones lanza la idea de crear los Estados Unidos de Europa, pero la crisis económica hace tomar a los países medidas proteccionistas de su economía, y es la época de los nacionalismos excluyentes y los fascismos, cosa nada propicia para iniciar una unidad europea, por lo que todo queda en las intenciones políticas, y no se ha dado un solo paso hacia la construcción de una auténtica unidad europea.
Pronto llegaría
la segunda guerra mundial que dejaría a Europa
en ruinas y a merced de EE UU y la URSS, los dos grandes bloques
que en 1946 iniciarían una guerra fría
por el control de Europa, y el mundo. Es en esta época cuando se
toma conciencia clara de la necesidad de una unión
política y económica para recuperar su status de gran potencia.
En 1946 Winston Churchill
da una conferencia en Zúrich en la que advierte del peligro que
supone la URSS y lo que implica, para Europa, la división en bloques
que separará a Europa con un «telón de
acero». Sin embargo, no será hasta 1957
cuando se firme el Tratado de Roma que pone en marcha
el Mercado Común entre Italia, Francia, Alemania y el Benelux.
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