El final de la
guerra significa el triunfo de las democracias parlamentarias
frente al fascismo, y la consolidación del comunismo
en «un solo país».
Estas son las fuerzas que han derrotado al fascismo. Por otro lado caen
muchas de las monarquías implicadas en el conflicto, excepto
la británica, la japonesa y las de los pequeños países
europeos. En 1946, en Italia, se hacen elecciones para traer la república.
En todos los países del Este aparecen repúblicas
de la mano de las democracias populares. Y todas las
monarquías, como la sueca, la noruega, la luxemburguesa,
la belga, etc., se hacen parlamentarias, y pierden
su poder político.
Hay una renovación
total del Estado y la sociedad. Vuelve la nueva sociedad de consumo
de masas, que se había perfilado en los años 20. Surge, con
gran prestigio, la social democracia y los partidos
democráticos de izquierda. Incluso los comunistas en un primer
momento se ven como los vencedores de la guerra, por encima de los EE UU,
que sólo serán los salvadores de Europa tras una campaña
de propaganda. La derecha está totalmente desacreditada
por tibieza con el fascismo y sus apoyos poco claros.
El socialismo
Nada más
terminar la guerra todo el mundo se considera más
o menos socialista. Es la ideología que más
prestigio alcanza. En casi todos los países
se instala en el poder tras unas elecciones libres.
En Gran Bretaña ganan los laboristas, a pesar del prestigio de Churchill,
que ha ganado la guerra.
El comunismo
La URSS
goza de gran crédito entre los vencedores.
No en vano fueron ellos los que conquistaron Berlín. Todos los partidos
comunistas de los países liberados aumentan su número
de afiliados.
En
el este, y en los países que ha liberado la URSS, los comunistas
toman el poder con la ayuda de la Unión Soviética,
por la fuerza, instaurando así las democracias populares.
No obstante, en algunos países como Francia, Italia y Yugoslavia,
el partido comunista se desmarca del estalinismo soviético.
La democracia cristiana
Esta no es una
nueva ideología, pero es la única, de derecha,
a la que no le afecta demasiado el hundimiento de la derecha tradicional:
liberal.
En todos los
países aparecen partidos demócratas cristianos,
que se alimentan del electorado de la derecha tradicional, que ha quedado
totalmente desacreditada.