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La revolución de 1917

     La revolución de 1917 se caracteriza por haber sido un proceso extraordinariamente rápido: en ocho meses estaba resuelta. No fue una revolución marxista, sino que se hizo marxista con el curso de los acontecimientos; al controlar el poder los comunistas. En un principio, los dirigentes políticos fueron de muy heterogénea procedencia, aunque principalmente serían obreros. La izquierda rusa quiere la paz. No quiere intervenir en la guerra imperialista, ni luchar en favor de la burguesía. La guerra mundial es algo que no les afecta, pero en la que se ven obligados a luchar, contra su voluntad. El poder, durante la revolución, lo tomarán los soviets, que son un poder autogestionario del pueblo en el que se practica la democracia directa. Aunque en un principio no son capaces de gobernar, siempre tuvieron el control de la calle.

     Esta será una revolución diferente a las conocidas hasta ahora, puesto que en ella no participa la burguesía, por lo que se crea un doble poder, el del gobierno provisional y el de los soviets. Cuando Lenin accede a dirigir la revolución reclamará todo el poder para los soviets, con el fin de terminar con ese doble poder y llevar adelante la revolución. Era necesario, para hacer triunfar la revolución, que se superase la anarquía de los primeros momentos. Lenin, durante la revolución, hará una elaboración teórica del proceso revolucionario, comparando los acontecimientos que él está viviendo con los de la Revolución francesa. Entre las prioridades que se marcará estarán las de controlar la industria y la agricultura.

     A pesar del breve tiempo en el que se desarrolla el proceso revolucionario se distinguen cuatro etapas: la revolución de febrero, el socialismo moderado, la derecha de Kornílov y de los kadetes, y la revolución de octubre.

La revolución de febrero

     La revolución se inicia en febrero de 1917, en San Petersburgo, con una huelga general organizada por los soviets, consejos de obreros, contra el gobierno liberal. En San Petersburgo se asalta el Palacio de Invierno, lo que supone la caída de los zares.

     La Duma está controlada por los liberales con Miliákov y Gúchkov a la cabeza. Son, tras la caída del zar, el gobierno legítimo. Pretenden mantener sus compromisos internacionales y continuar la guerra, ganarla, y una vez pasado el peligro interior, proteger la democracia. Sin embargo, la Duma durará dos meses más, y sin ningún poder real.

     La vida en San Petersburgo se organiza en torno a los soviets, que son los que tienen el poder en la calle, y los que toman las decisiones políticas que se llevan a cabo.

El socialismo moderado

     Tras la formación de un gobierno provisional, que durará cuatro meses, aparece un socialismo moderado que está presidido por Alexánder Kerenski y los mencheviques.

     Este gobierno pretende continuar la guerra. No desea preocupar a las democracias occidentales. Quieren proteger la democracia recién adquirida. Pero su gobierno presenta una gran debilidad militar, lo que unido a la pretensión de continuar la guerra genera un descontento entre las clases populares y en los soviets. Este es un gobierno en precario y la crisis continúa, pues no son capaces de hacer funcionar la democracia parlamentaria.

La derecha de Kornílov y los kadetes

     La situación en el verano de 1917 es caótica. La Duma pretende gobernar, pero no tiene ningún poder real. En la calle la situación está dominada por los soviets.

     En este momento hay posibilidades de contrarrevolución. Kerenski continúa en el Palacio de Invierno, pero la Duma está controlada por la derecha, que capitanea Larv Kornílov. Todo esto, unido a la situación de la calle dominada por los soviets, genera, en agosto, un vacío real de poder. El Ejército, en el frente, no sabe a quien obedecer.

La revolución de octubre

     Los alemanes desean cerrar el frente del este, por lo que facilitan el viaje de Lenin desde Suiza a Rusia, con el compromiso de hacer triunfar la revolución y firmar la paz. De esta manera, Lenin llega a Petrogrado, y se pone al frente de la revolución, reclamando que todo el poder pase a manos de los soviets, y que, por lo tanto, se supriman la Duma y la Presidencia en el Palacio de Invierno.

     Con la consigna de «todo el poder para los soviets» los comunistas toman el poder el 5 de octubre, dando así el impulso definitivo a la revolución. El pueblo se ha hecho con el poder de la mano de los comunistas.

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