La aparición de maquinaria en el trabajo, que era capaz de realizar las tareas que estaban haciendo los obreros, supone un cambio en las relaciones entre el empresario y el trabajador, y en las condiciones de compra y venta de la fuerza de trabajo; no sólo porque las máquinas hagan la tarea de los obreros con mayor eficacia, sino, también, porque estos deben hacer otro tipo de tareas, como el manejo de la máquina, y no el trabajo de producción directo.
Los avances
científicos y tecnológicos comienzan a madurar cuando
responden a una necesidad de la burguesía. Las primeras innovaciones
se dan en la industria textil. En 1733 John
Kay inventa la lanzadera volante, y en 1764
James Hargreavas
la Spinning Jenny
.
Estas máquinas están destinadas a aumentar la productividad,
con lo que se ahorra mano de obra. En realidad, no son más que hiladoras
múltiples. Pero, también, Henry
Cort inventa un nuevo sistema de pudelación
y laminación del hierro, James Watt
la máquina de vapor, en 1767, de tanta transcendencia, y
con tantas aplicaciones en la revolución industrial. Estos inventos
se aplican, sobre todo, en la siderurgia, y posibilitan
la mecanización de la producción, hacer hierro a bajo coste,
y permiten la transformación sencilla del producto. La fabricación
de hierro es fundamental en los inicios de la revolución
industrial, por que la propia industria y los transportes son grandes consumidores
de hierro y acero.
Sin embargo, se ha discutido mucho sobre el problema de la acumulación primitiva de capital. Otra teoría cree que fue posible gracias a la gran disponibilidad de metales preciosos que había en Europa, debido a la política colonial y mercantilista que se practicaba en la época. El comercio con América, principalmente de esclavos, era una importante fuente divisas para los países europeos; de bastante importancia en la Inglaterra del siglo XVIII, ya que el monopolio español sobre el comercio americano se estaba resquebrajando.
Además del incremento del ahorro en la agricultura, o en la burguesía mercantilista, fue necesario el desarrollo de instituciones financieras que concentrasen los diferentes capitales ahorrados por particulares y los prestasen a la burguesía industrial que comenzaba a despuntar. El desarrollo de estas instituciones financieras de préstamo está vinculado al negocio mercantil, ya que en muchas ocasiones, para financiar una gran empresa comercial con el extranjero era necesario el concurso de muchos empresarios dispuestos a invertir: de compañías de seguros y de empresas de capital anónimo y por acciones.
La moral
protestante utilitaria, y la ideología liberal
que estaba surgiendo en la época, favoreció la asunción
de riesgos económicos por el deseo de acumular riqueza. La riqueza
se había convertido en el nuevo modo de diferenciación social,
que pronto sería más importante que el nacimiento o la pertenencia
a la nobleza o el clero.
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