La interpretación
de Adolphe Thiers
,
en 1823 durante la Restauración borbónica en Francia, hace
una exposición coherente desde la visión de
la gran burguesía liberal. Utiliza en sus estudios los testimonios
de los testigos presenciales. Esta interpretación es completada
por François-Auguste Mignet
,
en 1824, que se dedica al estudio del mundo ideológico
que actúa en la revolución.
Thomas
Carlyle
,
en 1837, inicia la visión romántica
de la revolución, que ayuda a su mitificación. Los románticos
mitificarán,
sobre todo, la oposición a la monarquía y la experiencia
republicana.
Alexis
Tocqueville
afirmará, hacia 1850, que la mayor parte de los cambios
que se produjeron durante la Revolución francesa se
habían gestado durante el Antiguo Régimen, y que la
auténtica revolución se dio en 1848. En realidad afirma que
la revolución no sirvió para nada, ya que el Antiguo Régimen
tenía flexibilidad suficiente como para asumir los cambios.
Hippolyte
Taine
también condenó, en 1876, la Revolución francesa,
por estar en el
origen de todos los conflictos presentes
en las sociedades contemporáneas.
Alphonse
Aulard mitificará el período republicano, sobre todo
la figura de «el Buen Dantón»
opositor de Robespierre y máximo representante de la fase laica
de la revolución, pero con un sentido más democrático.
Esta no es más
que una referencia de los numerosos estudios que sobre la Revolución
francesa se han hecho.
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