Para los conservadores
monárquicos, la revolución comenzó el
17 de junio de 1789 y fue expuesta por los portavoces
conservadores de la Asamblea Nacional Constituyente: Cazalés,
Lally-Tollerdal
y Abbé de Maury
.
Esta interpretación
fue iniciada por Edmon Burke
,
en Inglaterra, tres años antes del Gran Terror, y se prolonga hasta
el rechazo de la revolución de Taine. Es curioso
que se condenen los hechos, por violentos, mucho antes de que se produjesen
los acontecimientos más sangrientos.
Según esta interpretación, la monarquía francesa poseía una constitución íntegra y un parlamento del que eran guardianes la nobleza y el clero: los estamentos virtuosos de la sociedad. La revolución es una cosa de hombres ambiciosos y sin escrúpulos que conspiran para arrebatar el poder a sus legítimos dueños. Burke, en 1791, no sabe nada del bloqueo del parlamento por parte de los estamentos privilegiados, ni de la bancarrota en la que se encuentra el Estado. Para él, la transformación que supone la revolución es arbitraria y ha sido promovida por círculos secretos y masónicos.
Esta interpretación
es la visión oficial de la Iglesia católica,
del conservadurismo inglés, de la Alemania conservadora y de todos
los conservadores monárquicos, en general.
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