La paz no se firma en un tratado único, sino que se negocia una serie de ellos que tienen lugar en torno a París, y que se alargan mucho en el tiempo: Versalles, Sévres, Trianón, etc., algunos entran en vigor en 1920.
Los Imperios centrales pierden todas sus colonias, Turquía se desintegra y aparecen los países del Cercano Oriente, como Siria, Iraq, Líbano, Palestina y Transjordania, que quedarán bajo mandato inglés o francés.
Las ideologías triunfantes en la guerra son el liberalismo democrático y el idionacionalismo, que obtiene unas bases territoriales en sus países, y se afianza ideológicamente.
Francia
se erige como la gran potencia, cuyas instituciones serán imitadas
por los nuevos países. Se afianza la democracia liberal
parlamentaria en todo el mundo, y desaparecen todas las monarquías
absolutas. Se generaliza el sufragio universal, y se tiende al republicanismo,
como en la República de Weimar
.
Los sindicatos tienen un auge importante, y se tiende
a la reforma social y a la revolución. También es la época
en la que los feminismos se implanta definitivamente
en la sociedad.
La guerra supone el fin de la diplomacia secreta, y se crea la Sociedad de Naciones para regular las relaciones internacionales. La Sociedad de Naciones de concibe como un parlamento internacional de discusión y toma de acuerdos. Es el triunfo del derecho internacional y de la democracia; la libertad y los derechos naturales: es el Estado perfecto. Desgraciadamente, los acuerdos que se toman en la Sociedad de Naciones no son vinculantes.
Las pérdidas humanas en la guerra son impresionantes, unos nueve millones de personas, más los no nacidos. Unas cifras que son las más altas de la historia, hasta el momento, y que angustian a muchos intelectuales y artistas, que toman partido por las actitudes pacifistas.
Las pérdidas económicas directas son también enormes. Se hizo necesario crear una economía de guerra y un sistema productivo que le sirviese. Ahora hay que volver a adaptar el sistema productivo para fabricar bienes de consumo. Además, el Estado asume las cargas que suponen los numerosos excombatientes. Pero mayores son las cargas económicas que tienen los vencidos, que han de pagar los gastos de la guerra. Debido a esto, el Estado se hace intervencionista en materia económica, a pesar de que fueron los liberales los que ganaron la guerra. Con este panorama económico, se agudizan las diferencias entre la burguesía y el proletariado. El trabajo femenino remite, al comenzar a pagarse salarios más altos. Las mujeres burguesas han descubierto, y demostrado, su capacidad para dirigir el trabajo en las fábricas. La época que sigue se conoce como los felices años 20, pero en realidad sólo son felices para la burguesía y la mediana burguesía.
Tras la guerra caen los valores tradicionales y la moral religiosa, en todo el mundo, y aparecen movimientos alternativos como el feminismo y el pacifismo.
Por último
EE
UU se revela como una gran potencia mundial imperialista, que tiene
la mitad de las reservas del oro mundial, aunque su tradicional actitud
de no intervenir en la política internacional le llevará
a no asumir su papel de líder internacional, hasta la segunda guerra
mundial.
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