Las tensiones en los Balcanes enfrentan a Austria y Rusia. En 1908 Austria-Hungría se anexiona Bosnia-Herzegovina, del Imperio otomano. Sobre este territorio también tenía intereses Rusia. En 1914 es asesinado, en Sarajevo, el archiduque Fernando, heredero de la corona austrohúngara. Austria da un ultimátum a Servia y le impone unas condiciones difíciles de cumplir.
Oficialmente la causa de la guerra se establece en el Tratado de Versalles, como la voluntad de guerra de Alemania, que quiere imponer su hegemonía en Europa. Sin embargo, la realidad es otra. Las economías europeas están en plena expansión y sus intereses chocan en las diferentes colonias, de sus respectivos imperios. Los conflictos fronterizos en las colonias son muy frecuentes. Alemania no tiene un imperio en ultramar, e intentará buscar nuevos mercados, como el resto de las potencias, y una salida la mar a través del Adriático. El proteccionismo comercial de los imperios, y entre los países, hace necesario buscar mercados privilegiados; y países con materias primas.
Además,
la guerra también tiene «la virtud»
de dejar en suspenso las tensiones sociales en el
interior de los imperios, así como los idionacionalismos que empiezan
a florecer.
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