Franco es el dictador que tiene en sus manos los designios del país, es la fuente de la ley, la justicia y el ejecutor. Nada se hace en España sin su consentimiento. Las discrepancias no existen, y las que existen o se marginan o se purgan.
El Ejército es un grupo cerrado y oligárquico, en buena medida endogámico, con actitudes abiertamente antiintelectuales y antiburocráticas que favorecen el abuso y la corrupción.
Los curas son una de las fuerzas vivas de la sociedad. La Iglesia es uno de los pilares del Imperio según la historia mitificada. Controlan la educación, la prensa y la censura, por lo que tienen una función ideológica de primer orden.
A partir de los años 60, tras el Concilio Vaticano II (1962-1965), la Iglesia se va alejando progresivamente del régimen, hasta llegar a tener algunos miembros en oposición abierta al sistema.
De un lado tenemos a la burguesía terrateniente y semifeudal, que es quien más comprometida con el régimen está. Pero también le apoyan las oligarquías financieras e industriales. Una de las medidas del franquismo fue la contrarreforma agraria, que sustituyó por una reforma técnica que canalizó a través de las instituciones financieras.
La política proteccionista del régimen, sobre todo en la primera época, y el aislacionismo del país permitió hacer mucho dinero en el mercado negro y el estraperlo. La apertura permitió invertirlo fuera y evitar la inflación, ya que impuestos apenas se pagaban.
La pequeña burguesía estaba, social y políticamente, al margen del régimen, se sentía cómoda en la estabilidad para sus pequeños negocios. Surge también la meritocracia administrativa, profundamente corrupta.
El proletariado se enmarca dentro de los sindicatos verticales, donde no tiene posibilidades defender sus derechos. Cae estrepitosamente el precio de la mano de obra. Con el desarrollismo aumenta la preparación técnica del proletariado, para el que se hacen planes de estudio de formación profesional, pero la mayoría del proletariado rural, que no encuentra trabajo, emigra al extranjero. Dos millones de emigrantes evitan que las cifras del paro se disparen y pongan a España en una situación insostenible.
El Frente de Juventudes y el Ejército fueron un medio de represión muy eficaz, desde su posición, en la que se debían encuadrar todas las personas. Las mujeres se encuadraban en la Sección Femenina y el Servicio Social, durante ese período las personas perdían todos sus derechos, y estaban a merced de los mandos que ejercían un control ideológico muy eficaz.
También la educación se centra en un papel de formación ideológica, mitificando la historia, la geografía y la religión, que se convierten en las principales materias del currículo, es la formación del espíritu nacional. Se exaltan las ideas fascistas y la figura de Franco, como ser providencial.
Existe en el país una alarmante carencia de escuelas, sobre todo en el medio rural. Las escuela que hay son de primaria, unitarias y sin recursos. Todo esto hace aumentar la tasa de analfabetismo, real y funcional, que alcanza cotas alarmantes. Los índices de escolarización son muy bajos, y la educación es más que un vehículo de cultura una forma de adoctrinar al pueblo.
A remediar esta situación viene la ley general de Educación de 1956 de Joaquín Ruiz Giménez, pero se encuentra con la oposición de los grupos más reaccionarios, y apenas se puede decir que cambie algo más que la educación secundaria, hacia temas más técnicos.
El cambio real llega en 1970 de la mano de José Luis Villar Palasí y la ley general de Educación, que da respuesta a una sociedad que había cambiado radicalmente gracias al desarrollo económico, y a pesar de los integristas más duros del régimen.
En 1939 se crea el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), pero apoya el aislacionismo científico. El dogmatismo y la pobreza intelectual de sus componentes no hacen de ella una institución de prestigio. Además, el Ópus Dei se hace con las cátedras más importantes, desde las que impone su doctrina. Con el tiempo, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas irá liberándose del dogmatismo y ganando prestigio. Hay que recordar que la ideología fascista es abiertamente antiintelectual.
El intelectual más importante del régimen es Rafael Calvo Serer, que impulsa la escuela neoplatónica en la tradición cristiana más ortodoxa. En 1946 vuelve a España José Ortega y Gasset, el filósofo español más importante de la época. Sin embargo, queda relegado a un segundo plano, a pesar del prestigio que supone para el régimen.
Dentro del régimen
se
niegan todas las ideologías y se aplica la censura.
La intelectualidad oficial está muerta y los disidentes no alcanzan
notoriedad en nuestra sociedad, muchos de ellos tendrán que emigrar
para continuar con sus investigaciones.
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