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Las leyes y las instituciones fundamentales

     El régimen de Franco se reviste de una serie de leyes que le dan, poco a poco, apariencia de legalidad, son: el Fuero del Trabajo, de 1938; la ley Constitutiva de las Cortes, de 1942, el Fuero de los Españoles, de 1945, la ley del Referéndum, de 1947 que se aplicará únicamente para ratificar la ley de Sucesión, la ley de Principios Fundamentales de Movimiento, de 1958, y la ley orgánica del Estado, de 1967. Estas son las leyes más importantes.

     Junto a estas leyes se desarrollaron una serie de instituciones, sometidas a la voluntad de Franco, que daban al régimen una apariencia menos autoritaria.

Las Cortes

     Las Cortes se crean en 1942, año en el que Franco promulga la ley Constitutiva de las Cortes. Hasta ese momento no han existido, y Franco ejercía el poder autoritariamente y sin restricciones. Las Cortes dan una apariencia liberal al régimen, pues es una institución que existe en todas las democracias. No obstante, su carácter está desvirtuado, siendo esta una democracia orgánica o tutelada. La decisión de crear las Cortes se toma en 1942 ante la evidencia de que las potencias fascistas no podían ganar la guerra, y era necesario ir tomando posiciones al lado de los aliados. Supone, teóricamente, la participación del pueblo en la política del Estado.

     Las Cortes asumen la competencia legislativa y se crean con la intención de recuperar las «gloriosas tradiciones» de España, sin embargo su función se limita a corroborar las decisiones que toma Franco como jefe del Estado. Además, Franco se reserva la posibilidad de legislar por decreto ley, sin necesidad del concurso de las Cortes.

     Las Cortes estaban hechas a la medida de Franco. El presidente, el vicepresidente y el secretario de las Cortes eran nombrados por él. En las Cortes estaban representados los tres estamentos que se consideraban en la sociedad española: los representantes de los municipios, elegidos por los ediles, los representantes de los sindicatos verticales, elegidos por los sindicatos, y los procuradores familiares que sólo a partir de 1976 serán elegidos por votación de los cabeza de familia y las mujeres casadas. Todos ellos debían ser nombrados por Franco.

     Las Cortes eran unicamerales, y estaban dominadas por las camarillas de la Falange y el Ópus Dei, pero también por las oligarquías burguesas.

     No había, pues, verdadera oposición al régimen, en este sistema. Las únicas formas de oposición real; al margen de las distintas facciones que una vez terminada la guerra pretendían, desde fuera, derivar al régimen de Franco, sin mucho éxito; eran las asociaciones vecinales, que se convirtieron en una suerte de partidos políticos, era la única forma de hacer política dentro del régimen, y la margen del movimiento.

El Consejo Nacional del Movimiento

     Esta institución también era conocida como el Senado. Su función era la de defender la integridad del Estado y la ortodoxia fascista y católica. Sus miembros eran todos de la Falange o el Ópus Dei.

El Consejo del Reino

     Esta institución tenía como misión proponer una terna de nombres, entre los cuales Franco designaba al jefe del Gobierno. Desde 1973, dado lo precario de su salud, Franco decide dejar las tareas del gobierno en una persona de su confianza. En la terna propuesta por el Consejo del Reino debía estar el candidato de Franco, que era el, finalmente, elegido. El primer presidente de Gobierno fue Carrero Blanco, asesinado meses más tarde por la ETA.

El Consejo de Regencia

     Como las anteriores, esta institución apenas tenía cometidos, pero era la encargada de garantizar la Jefatura del Estado y los mecanismos de sucesión en la persona de don Juan Carlos de Borbón.

El Fuero de los Españoles

     Esta es la ley fundamental del régimen, una suerte de constitución, o más bien una carta otorgada. En él se definen los derechos y los deberes de los españoles, y sus libertades teóricas, puesto que podían ser suspendidas en cualquier momento por decisión de Franco.

     El Fuero de los Españoles se promulga en 1945, cuando los aliados han ganado la guerra y se hace necesario dar una apariencia mayor de legalidad. Sin embargo, se siguen manteniendo los ideales programáticos de la Falange, la obediencia al jefe, y se proclamaba que la religión católica era la única religión del Estado y de los españoles.

     También se abordaba la cuestión monárquica, ya que este era un reino sin rey. Se planteaba la cuestión de la sucesión de Franco al frente de la Jefatura del Estado. El rey legítimo era don Juan de Borbón, que no era del agrado de Franco, por lo que esta cuestión no se resolvería hasta 1966 en que Franco designa a su hijo, don Juan Carlos de Borbón, como su sucesor.

Los principios del Movimiento

     En 1958 se promulga la ley orgánica del Estado, necesaria para dar una apariencia democrática al régimen, y ser así aceptado en los foros internacionales que le estaban vedados, como la ONU, el FMI, el BM y la CEE. No cambia nada sustancial, se sigue proclamando la unidad de España, la obediencia al jefe del Estado, la religión católica como única y oficial del Estado, etc.
 
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