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La formación del mercado nacional

     En el siglo XIX se crea en España un espacio de libre comercio y de libre empresa, suprimiendo las aduanas interiores y montando un sistema de transportes que permite llevar las mercancías de las zonas en donde se producen a las zonas en donde se consumen. Estas medidas son determinantes para hacer de España un país moderno.

El transporte terrestre

     Las nuevas tecnologías, que pone a nuestra disposición la revolución industrial, permiten transportar los productos elaborados en grandes cantidades y a largas distancias. La máquina de vapor es la gran protagonista de esta revolución, ya que es el motor que impulsa todas las máquinas.

     Las carreteras no están preparadas para que estos nuevos vehículos circulen por ellas. Hay dificultades técnicas, como el peso de las máquinas, la suspensión, el firme, etc. La carretera no dispondrá de un vehículo adecuado hasta el siglo XX, por lo que habrá una infrautilización de la red viaria. Pero la red de carreteras no está en mal estado. Desde 1877 la red de carreteras corre a cuenta de los presupuestos del Estado y se renuevan completamente.

     El ferrocarril es el transporte rey, el que impulsa la industrialización y hace posible unas comunicaciones rápidas y fáciles. La política del Estado es intentar captar capitales extranjeros para construir los ferrocarriles, pero manteniendo el control sobre su construcción y sus precios. El tren se concibe como servicio público, por lo que el gobierno nunca permitió que el capital extranjero fuera dominante en las empresas españolas.

     La ley de 1855 determina cuales serán las grandes líneas radiales, el precio del billete y las tarifas, que siempre fueron lo suficientemente altas como para hubiera beneficios. También se determinaban las subvenciones que el Estado daría para construir el ferrocarril.

     Salvedad hecha de la línea entre La Habana y Bejucal en 1837, la primera línea que se construyó en España fue entre Barcelona y Mataró en 1848. Este trayecto se levantó con capital mayoritariamente francés. En 1851 se construye la línea Madrid-Aranjuez, y en 1856 la Langreo-Gijón. En 1864 estaban en explotación todas las grandes líneas y empresas: Compañía del Norte, MZA, Ferrocarriles Andaluces, Madrid-Cáceres, además de multitud de pequeñas empresas privadas. En 1894 se termina la línea León-Bilbao.

     El ferrocarril se convierte, en poco tiempo, en la columna vertebral del país, ya que une los centros productores con los consumidores. Esta tecnología se desarrolla con tanto éxito gracias a que tiene un vehículo adecuado, un firme que se adapta a sus necesidades, y es capaz de transportar grandes tonelajes a largas distancias.

El transporte marítimo

     El transporte marítimo también sufre un profundo proceso de modernización. Se mejoran los puertos con nuevas construcciones e infraestructuras, como la red de faros y el aumento del calado. Esta reconversión es posible gracias a la ley liberal de 1868 que permite a los puertos gestionar sus recursos y los ingresos que obtenga por sus actividades.

     Los barcos comienzan a utilizar máquinas de vapor para moverse. Pero la máquina de vapor y el carbón que necesita ocupa mucho espacio, que se detrae de la capacidad de transporte, por lo que en principio los barcos de vapor son poco competitivos, dedicándose sólo al tráfico de productos con alto valor añadido. Esto permitirá que durante mucho tiempo convivan los barcos de vapor y los veleros. El barco de vapor no se impondrá hasta que en el siglo XX se inventen las naves con casco de acero, que aumentarán el tonelaje extraordinariamente.

     En 1847 se construye la red de alumbrado marítimo, lo que permite que la navegación de cabotaje tenga un gran desarrollo; sobre todo con vistas al impulso del comercio interior en el norte y en el Mediterráneo. También se liberaliza el tráfico con América, lo que impulsa el comercio de Cataluña con el Nuevo Mundo. En 1881 se crea la Compañía Transatlántica. Esta será una de las empresas navieras más importantes, sobre todo en el transporte de pasajeros, durante los años de emigración a América.

El comercio

     En el siglo XIX el comercio deja de ser local para pasar a ser nacional, gracias a la reducción del tiempo de transporte, que hace rebajar los precios unitarios y aumenta la seguridad del comercio a larga distancia.

     Para regular esto, se promulga el Código de Comercio, en 1829. En 1834 se derogan los gremios, con lo que se da libertad para producir, sin el control gremial, lo que tiene el peligro de reducir la calidad, pero la ventaja de un mayor número de productores. En 1841 se suprimen los impuestos de paso y se promulga la unidad aduanera. También se eliminan las tasas y los impuestos indirectos sobre el comercio.

     La gran depresión obliga a tomar medidas de protección del mercado entre 1869 y 1901. Pero hasta este momento el mercado exterior crece mucho. Se exportan alimentos, minerales metálicos y productos semielaborados, sobre todo a las colonias. Se importa maquinaria de equipo y productos de lujo. Al final, la balanza comercial suele ser negativa pero impulsa las relaciones económicas y crea riqueza.
 

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