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Partidos y sindicatos

     En la república se dan cita multitud de partidos, aunque son pocos los que tienen, tras la proclamación del nuevo régimen, posibilidades de gobernar. En el fondo sólo los radicales y los socialistas tendrán aspiraciones serias de dirigir el país. También son muchos los anarquistas, aunque estos no entren en el proceso electoral.

     En general, cuanto más extremistas sean más disgregación hay en los partidos, aunque con el tiempo se tiende a la concentración. Grupos como el Partido Republicano Progresista de Alcalá Zamora, o el Partido Conservador de Miguel Maura, o la CEDA, el Partido Radical y el Partido Agrario son los defensores de los intereses de la derecha. La derecha está mucho más disgregada que la izquierda, puesto que también tiene a los partidos fascistas como Falange y los carlistas. Por la izquierda están los partidos: PSOE, POUM y PCE; y los anarquistas de la FAI y la CNT. Con el tiempo sólo quedan con opciones la CEDA y el Frente Popular (coalición de los partidos de izquierda).

     A pesar de todo, las urnas continúan reflejando las diferencias entre la España republicana y laica, y el catolicismo militante tradicional.

     En las elecciones se ponen en marcha las estrategias de partido para convencer a la gente con el mitin político y la propaganda, encaminada a ganar el poder en las urnas, como en las democracias avanzadas.

El sindicalismo

     Los empresarios que habían perdido el poder político, asumieron posturas intransigentes frente a las reivindicaciones del proletariado, lo que originó conflictos. Los sindicatos se apropiaron de la república, como la UGT, a través de sus partidos políticos, que entraron en el gobierno, y legislaron de una manera interesada en favor del proletariado, lo que irritó a la oligarquía.

     Pero a pesar de todo esto los sindicatos de clase no consideraban que se estuviese beneficiando al proletariado. Los sindicatos tenían tendencias revolucionarias, pues pretendían llegar al socialismo a través de la república. La UGT se radicaliza y dirige la revolución de octubre de 1934 en Asturias, junto con la CNT. La CNT es el sindicato más importante por su número de afiliados, y es el más revolucionario, de ideología anarquista. Con la acción revolucionaria se pretende minar el nuevo Estado burgués. El alto índice de afiliados que tienen la UGT y la CNT se explica por la esperanza del proletariado de provocar una revolución socialista. La acción revolucionaria de la CNT se concentra en las zonas que controla, el alto Llobregat en 1932, y en enero y diciembre del 33. Las huelgas son continuas y los conflictos sociales numerosos, y por lo general violentos.

     Del otro lado están los sindicatos confesionales, agrarios y de la pequeña burguesía, como la Confederación Nacional de Sindicatos Católicos. Son sindicatos que buscan el orden social, y que prefieren la negociación con la burguesía a la lucha de clases. Estos sindicatos se alinearán con el fascismo y la burguesía, utilizarán a ambos para controlar las reivindicaciones del proletariado, incluso por métodos violentos.
 

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