Esta es una república de la intelectualidad, las clases medias y el proletariado, en la que la oligarquía tradicional, que venía dominando el país, queda fuera del poder político, e incluso del económico.
Nada más proclamarse la república se producen dos crisis: una en octubre, cuando dimiten Zamora y Maura debido al explícito laicismo constitucional; y una segunda crisis que tiene como protagonistas a los radicales de Alejandro Lerroux y a los socialistas de Largo Caballero, que se enfrentan por el poder. Es la época social-azañista, en la que los socialistas entran en el poder.
Pero no todo son cambios en la república, la continuidad persiste en muchos ámbitos, como en el Ejército, la Administración periférica, la Iglesia, etc. A pesar de las medidas contra ellos, no se cumple la expulsión de los jesuitas que se decreta en 1932.
Pero no será por la derecha por donde la república se sienta más amenazada, sino por la izquierda. Es en esta época cuando se produce la revolución de octubre de 1934, en Asturias y Cataluña, y los sucesos de Casas Viejas. Es en este período cuando Victoria Kent tiene un cargo importante: directora de cárceles.
El nuevo gobierno
pone
en marcha, rápidamente, las reformas
que habían quedado en suspenso y las que eran demandadas por la
sociedad. Una de las primera medidas que toma es la liberación
de los presos políticos. Pero sus formas no son tan rápidas
como el pueblo quiere, al menos los anarquistas. El
pueblo se lanza a realizar las reformas por su cuenta, ocupando
tierras, y el gobierno se limita a legalizar situaciones
de hecho. La oligarquía tradicionalista
se siente más amenazada que nunca. Además,
desde hace tiempo viene conspirando, en secreto, contra
la república.
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