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La guerra civil española

     La conspiración del Ejército que lleva a la guerra civil es larga y laboriosa. Casi desde el primer momento de la república esta ha de hacer frente a las conspiraciones que se detectan en el Ejército. En 1936 gana las elecciones el Frente Popular, e inmediatamente dan un impulso rápido a todas las reformas que de ellos se esperaban. Las oligarquías económicas se sienten más alejadas que nunca del poder, por lo que deciden acudir al fascismo y al Ejército, para recuperar el poder a través de un golpe de Estado.

     El 17 de julio de 1936 comienzan los incidentes en el cuartel de Melilla, y el 18 de julio de 1936 la rebeldía del Ejército se extiende por toda España. Pero en la mayoría de las ciudades, capitales de provincia y en las regiones industriales del país, el golpe fracasa, y lo que pretendía ser un golpe de Estado se convierte en una guerra civil.

     España queda, rápidamente, dividida en dos bandos, el leal a la república y el sublevado. En el bando leal a la república se desencadena un proceso revolucionario; que era lo que los sublevados pretendían evitar. Es el pueblo armado el que detiene a los insurrectos, ante la ineficacia de las fuerzas de seguridad. Los leales a la república controlan la mayor parte del país, las zonas industriales y las más pobladas, pero muy pronto dentro de ellos se adivina una división fundamental entre: ganar la guerra y hacer la revolución. Aparecen dos bandos, uno revolucionario que pretende acabar con la república, dominado por la CNT y el POUM, y otro que pretende mantener la república, dominado por el PCE y el PSOE.

     El PCE es un pequeño partido de los que forman el Frente Popular, pero muy disciplinado, y tiene la ayuda de la URSS, con lo que rápidamente puede organizar un ejército con el que oponerse las fuerzas rebeldes. Pero quienes habían detenido a los fascistas habían sido las milicias, que habían desencadenado la revolución, al mismo tiempo. Estos no estaban dispuestos a luchar por una república burguesa, y los comunistas del PCE tenían claro que para ganar la guerra era necesario la ayuda de las democracias occidentales, y que estas no querían una revolución en España. La república sólo recibirá la ayuda desinteresada de las Brigadas Internacionales, que se organizan con voluntarios de todo el mundo, reclutados por los partidos comunistas de sus respectivos países. También recibirá la ayuda de la URSS. Las democracias occidentales se desentienden del problema. Para implicarlas en el conflicto el PCE desencadena un proceso contrarrevolucionario contra el POUM y la CNT, que tiene su culmen en la guerra civil de los tres días de mayo de 1937. Al final se trata de salvar la república burguesa, pero tampoco esta opción recibe la ayuda de las democracias occidentales.

     Durante toda la guerra el gobierno de la república está en crisis. Se le concede el estatuto de autonomía al País Vasco (1-10-36), cosa que carece de transcendencia puesto que esta zona está aislada del gobierno central y pronto caerá en poder de los sublevados (marzo, abril de 1937). Los gobiernos se suceden vertiginosamente. El más estable es Juan Negrín. Y hasta los anarquistas entran a formar parte del gobierno. Tal era la urgencia de ganar la guerra y no perder la revolución.

     Los defensores del golpe también desencadenan una revolución, pero de carácter fascista, y en favor del gran capital y de la instauración de una dictadura personal en España. Francisco Franco será quien aglutine todas las fuerzas, en un principio dispersas, bajo una estructura militar. Los fascistas se hacen con el poder, y Franco aparece como el jefe al que obedecer. Franco hará también su contrarrevolución, depurando a los más extremistas de su bando. Las fuerzas rebeldes tienen bajo su control la España agrícola, que a la postre, en una guerra larga, será más importante que la industrial, por la posibilidad de alimentar a sus tropas. Ante la evidencia de una guerra larga, Franco crea un gobierno rebelde en Burgos, con el que negociarán las potencias fascistas de la época, Alemania e Italia, y más tarde las democracias occidentales.

     El objetivo prioritario de la guerra es la conquista de Madrid. Pero Madrid no es una plaza fácil de tomar, y Franco emplea sus tropas en la conquista de otros territorios importantes para controlar el país, antes de asaltar Madrid. En 1937 el general José Solchaga invade Asturias y el País Vasco, dos de las zonas industriales. La ayuda alemana e italiana es vital para el ejército rebelde. En España el ejército alemán ensayará las tácticas que pondrá en marcha durante la segunda guerra mundial, como la guerra en columnas, que superan al ejército republicano, por su indecisión, y el bombardeo de la población civil, como en Guernica.

     El ejército republicano no tiene capacidad de respuesta ante un ejército rebelde bien organizado. Brunete, Belchite y Teruel son las ofensivas más significativas del ejército republicano, pero nunca son ataques decisivos. La última ofensiva, de la República Española, que pretende ser decisiva, es la batalla del Ebro, pero también son rechazados, y el ejército sublevado se hace con toda Cataluña y Levante. Era en Valencia donde estaba el gobierno republicano. Con la caída de Cataluña y Levante la guerra está virtualmente terminada, Madrid cae el 1 de abril de 1939 y termina la guerra.

     Durante mucho tiempo se ha considerado a la guerra civil española como la primera fase de la segunda guerra mundial, por ser una guerra entre las democracias y el fascismo. Pero no se tiene en cuenta que en la República Española se desencadenó una revolución, por lo que la guerra española fue una guerra entre el fascismo y la revolución, mientras que la segunda guerra mundial fue una guerra entre el fascismo y las democracias occidentales.
 

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