Este imperio balcánico se encuentra confinado en la Europa central, y no dispone de salidas al mar, ni siquiera al Adriático. Esta circunstancia dificulta su desarrollo económico y su industrialización, ya que es una potencia sin colonias. Por ello tendrá una política exterior expansiva, sobre los países ribereños del Adriático. Su política se verá favorecida por la creciente debilidad del Imperio turco y las ansias independentistas de las regiones europeas, sobre todo de los idionacionalismos de Servia, Montenegro, Albania, Grecia, Rumania y Bulgaria, y los nacionalismos paneslavos de Yugoslavia y la Gran Bulgaria.
Austria-Hungría se anexiona, mediante compra a Turquía, el país de Bosnia-Herzegovina. Esta compra aumenta las posibilidades de industrialización del Imperio, al tener una salida al mar y al incorporar una zona agrícola, rica en grano. Esta operación fue posible gracias a la subida al poder de los «jóvenes turcos» en 1908, republicanos y laicos.
En 1912-1913 se crea la Liga Balcánica, con Servia, Bulgaria, Montenegro y Grecia, y se inicia una guerra contra Turquía por la independencia, es la primera guerra balcánica, que termina con la victoria de la Liga. Turquía se interpone en esta guerra y pierde definitivamente Bulgaria. Tan sólo le quedarán 26.000 Km2 en Europa. Además, Bulgaria pierde Macedonia en favor de Grecia.
El asesinato
del archiduque de Austria en Sarajevo, en 1914, será la mecha
que prenda y desencadene la primera guerra mundial.
Los países balcánicos se dividirán entre sendos bandos:
Rumania, Servia, Montenegro y Grecia se pondrán del lado de la Triple
entente y los aliados; y Bulgaria y Turquía se pondrán del
lado de los Imperios centrales. Albania permanecerá neutral y podrá
obtener su independencia definitiva.
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