Esta es la época en la que triunfan las ideas románticas y la ideología liberal, que se imponen tras el éxito de la Revolución americana y la Revolución francesa. Nacen en esta fecha los nacionalismos americanos que mitifican y manipulan la historia, principalmente a través de la literatura. Los criollos se sienten descendientes o de los indios americanos, o de los primeros descubridores que hicieron el viaje con Colón.
La revolución industrial aún no se había desarrollado en España, y sí en Inglaterra, Francia y los Países Bajos, que dominan desde 1713 (tras el Tratado de Utrecht) el comercio con América. Inglaterra, particularmente, tiene un intenso comercio con América. Sobre todo tras la batalla de Trafalgar, en la que España pierde las rutas de navegación a América, y por el bloqueo napoleónico de Europa, que dificulta el comercio americano con España.
En América el equilibrio de poder continúa siendo el borbónico, una Administración funcionarial con los cargos en venta, la Iglesia y el dominio de las oligarquías que compran y venden oficios. Cada vez más, se veía a España como un obstáculo que impedía el crecimiento económico, particularmente por la prohibición del comercio interregional.
Durante el siglo
XIX se suceden los ataques británicos a las
colonias y a las flotas españolas. Se atacan los puertos de Buenos
Aires y La Habana, y las islas como Jamaica. La metrópoli
no está en condiciones de prestar mucha ayuda, pues está
en
guerra, por lo que América tiene la impresión de estar
abandonada. Proliferan, también, los conflictos sociales
por el control económico y de los cargos públicos, con las
oligarquías españolas. Las quejas políticas son continuas.
Aparece el movimiento comunero en Venezuela, y se
extiende por toda Suramérica. Además, también proliferan
las revueltas indias. En Cuba estas rebeliones serán
el germen del nacionalismo.
| Volver |

![]()