La historia
de las telecomunicaciones tiene varios hechos importantes.
En 1832 Samuel Morse inventa el telégrafo
y en 1833 Giuseppe Ravizza
la máquina de escribir. En 1869 Hippolyte
Marinoni inventa la rotativa, en 1876 Graham Bell
el teléfono, en 1877 Thomas Edison
el fonógrafo, en 1887 Emile Berliner
el disco, en 1895 los hermanos Lumière
el cine. Alexánder Stepánovich Popov
erigió una serie de antenas, y en 1896 construyó un receptor
para detectarlas. En 1897 Guglielmo Marconi inventa la radio
y en 1906 nace la radiodifusión.
En 1909 Georges Claude
y León Gaumont
inventaron el cine sonoro. En la década de
los años 20 Vladímir Kosma Svorykin
comienza las investigaciones para inventar la televisión,
en 1936 la BBC hace una emisión de televisión
de prueba. En diciembre de 1947 el equipo de trabajo
formado por J. Bardeen
,
W. Brattain
y W. Shockley inventaron el transistor. En 1953
en Estados Unidos la CBS emite su televisión
en color. En 1960 se pone en órbita
el primer satélite de comunicaciones, el Eco I.
En 1965 se inventa el circuito integrado.
En 1966 un desarrollo en el laboratorio, propuesto
por K. C. Kao y G. A. Hockham
,
llevó a la producción del cable de fibra óptica,
y en 1977 fue instalada la primera línea. En 1970
se construye el primer microprocesador. En los años
70 y 80 se difunde el ordenador personal. Durante
la guerra fría el Ministerio de Defensa estadounidense, en colaboración
con las universidades punteras en la investigación cibernética,
crean en 1968 Arpanet (Agencia de Proyectos Avanzados). En 1960 Paul
Baron había inventado una red que continuaba funcionando aunque
parte de ella no estuviese operativa. Este es el antecedente de Internet,
cuyo protocolo se debe a Vinton Cerf, Larry Roberts
,
Robert Khan
y Leonard Kleinrock
(1969-73). En 1971 Ray Tomlinson
inventa el correo electrónico. En 1989-91
Tim
Berners Lee
inventa la Word Wide Web
(Máxima Malla Mundial): la página Web.
Las redes de comunicación son cada vez más rápidas y tupidas. La invención de los circuitos integrados, el ordenador, los satélites artificiales y la fibra óptica han permitido una auténtica revolución de los canales de comunicación. Hoy en día es posible enviar mensajes a cualquier parte del mundo utilizándolos. A comienzos de los años 90 se difunde el teléfono móvil celular, que permite que cualquier persona pueda enviar mensajes desde cualquier parte del mundo. En noviembre de 1998 se pone en marcha Iridium, un sistema de satélites que permite la utilización del teléfono móvil desde cualquier parte del mundo.
Pero dos
son los electrodomésticos que llevan la información
a los hogares: en la primera mitad del siglo la radio,
y en la segunda la televisión. Ambos, en su
época, son la fuente principal por la que se
recibe la información de todo el mundo, y a todas horas. A través
de ellos llegan los modelos de convivencia de otras
culturas, pero también la superioridad nacionalista
del
emisor. Esto implica un aumento de la tolerancia,
pero también un incremento de las posturas intransigentes o, en
el mejor de los casos, paternalistas. En 1941
la radio mantiene informado a todo el mundo de la batalla de Inglaterra.
En 1963 la televisión divulga por todo el mundo
las imágenes del asesinato de Kennedy
,
y el 21 de junio de 1969 de la llegada del hombre a la Luna,
en directo. En 1991 la televisión por cable
se convierte en protagonista al retransmitir casi en directo la guerra
del Golfo. Y en 1998 Internet gana la partida a todos
los medios al divulgar en un tiempo récord, y sin censura, el informe
del fiscal Starr sobre las relaciones sexuales del presidente norteamericano
Bill Clinton con Mónica Lewinsky
.
Los dos, pero sobre todo la televisión, son esenciales para el mantenimiento de la sociedad de consumo de masas, ya que son el vehículo principal por donde llega la publicidad, y el más efectivo. Las redes de comunicación y las bases de datos multiplican las posibilidades de informarse. El problema que se plantea es el de la selección de la información, la filtración de la información bruta. El bombardeo masivo de información puede convertirse en desinformación, o en esclavización de la información y los datos: más propiamente, deformación. No hay tiempo material para el análisis y la reflexión de los datos, por lo que desde las ciencias sociales se debe abogar por una crítica de la información para poder utilizar las ventajas que proporciona, con eficacia.
También
se ha señalado el peligro de aislamiento del
entorno inmediato que una persona puede sufrir por estar pendiente de las
noticias de todo el mundo. Pero no parece demostrado que
una persona normal, por estar informado de lo de fuera, no se preocupe
por sus relaciones sociales. Lo mismo podría ocurrir con una persona
que estuviese continuamente leyendo libros. El problema no es conocer cosas
de lugares lejanos, sino no saber ver en el entorno las similitudes y las
diferencias.
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