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La monarquía

     La fundación de Roma pertenece a la leyenda. Según la tradición, Rómulo y Remo fundaron Roma en el 753 a.C., en la época de Homero, y medio siglo después que Atenas y Cartago. La historia primitiva de Roma está envuelta en la leyenda, porque no hay textos escritos. En realidad, no hay textos históricos hasta la época de César y Augusto, aunque los romanos utilizarán la escritura desde finales del siglo VII a.C. Aunque con la invasión de Roma, en el 387 a.C., por los galos, y su incendio, se perdieron muchas fuentes. Los historiadores romanos fueron llenando el vacío con leyendas, lo que falsificó la historia. Ellos fecharán la fundación de Roma en el 21 de abril del 753 a.C. y le atribuirán un origen divino. El emplazamiento de Roma se hace en un lugar estratégico, y de fácil defensa, en las siete colinas de las orillas del Tíber (Aventino, Capitolio, Celio, Esquilino, Palatino, Quirinal y Viminal), y en un nodo comercial que enlazaba las rutas terrestres con las marítimas.

     En Roma vivirían dos tribus: los latinos y los sabinos, después del legendario rapto de las sabinas, y sólo más tarde llegarían los etruscos. Estas dos tribus se irían alternando en el poder, y Roma tendrá por duplicado todas las instituciones. En un primer momento habría dos reyes: Rómulo y Tito Tacio. Pero muerto Tito Tacio, Rómulo comienza a construir la unidad de Roma. A este se le considerará el fundador de Roma. Creó un ordenamiento jurídico (norma de convivencia), repartió el pueblo en tres tribus, cada tribu en diez curias, y cada curia debía poner a disposición del ejército 100 infantes y 10 jinetes. Rómulo creó, para el gobierno de la ciudad, una asamblea de ancianos, el Senado, en el que se sentaban los jefes de los clanes. A su muerte, en el 716 a.C., fue divinizado con el nombre de Quirino.

     Numa Pompilo (716-673 a.C.) sucedió a Rómulo y continuó su labor. Sistematizó los ritos, cultos y colegios sacerdotales, asimilando las corrientes religiosas que corrían por Italia. Una vez conseguida la unidad religiosa, Roma se lanza a la expansión territorial. Tulo Hostilio (673-641 a.C.) será quién inicie la expansión, que continuó Anco Marcio (641-616 a.C.). Anco Marcio comenzó a construir la gran ciudad de Roma con el primer puente sobre el Tíber y el primer acueducto.

     Pero el ascenso de Roma queda detenido por el expansionismo etrusco y griego. Durante el reinado de Tarquino Prisco (616-578 a.C.), sin embargo, se dedica a consolidar la ciudad de Roma: haciendo numerosas obras públicas, como el foro, el circo, el templo de Júpiter en el Capitolio o las cloacas. Trató de debilitar a la aristocracia, a la manera de los tiranos griegos, promoviendo una mayor participación popular en la vida pública. El etrusco Servio Tulio (578-534 a.C.) le sucedió. Servio Tulio sustituyó la división en tribus por un reparto territorial, creando cuatro tribus urbanas y dieciséis rurales. Tenían, ante todo, un carácter administrativo y fiscal. Para la participación en la vida pública dividió a la gente en seis clases, según el censo, que debían armarse a la medida sus ingresos, lo que suponía formar parte de la asamblea del pueblo. Cada clase se dividía en centurias, con un voto cada una. El número de centurias de cada clase dependía de su riqueza y de su contribución al Estado. Así, las clases ricas dominan el poder. Servio Tulio fue, también, el constructor de la primera muralla. A Servio Tulio le sucede, después de asesinarlo, Tarquino el Soberbio (534-510 a.C.). Los abusos de poder de Tarquino y su familia provocaron una revolución. En el 510-509 a.C. es derrocado y se proclama la república.
 

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