Desde sus comienzos,
la vida económica y política de la polis estuvo dominada
por los grandes clanes aristocráticos, que
descendían de los jefes de la conquista. Las diferentes generaciones
habían ido ramificando las familias. Los lazos tribales fueron muy
fuertes. Sin embargo, inicialmente el poder de la polis no fue aristocrático,
sino monárquico y militar. El rey ejercía
la jefatura de la milicia, pero también era el responsable de la
justicia y la religión. Aunque su poder no era absoluto, ya que
estaba sometido a las decisiones del «consejo
de ancianos», compuesto por los
jefes del clan.
En Esparta
hubo dos reyes simultáneamente. Los de la dinastía de los
Agiades y los de la dinastía de los Euripóntides. Esparta
fue un estado eminentemente guerrero,
en el que la convivencia se hacía en común.
Había muy poca vida privada. La sucesión se hacía
sobre el primer hijo varón, que naciese después de subir
al trono el rey. Los métodos de sucesión fueron muy estrictos
y claros. En principio tenían la facultad de declarar la guerra,
pero eso fue transfiriéndose a la asamblea popular. El consejo de
ancianos en Esparta se llamó Gerusía.
A través de la Gerusía el régimen espartano fue evolucionando
de una monarquía a una aristocracia.