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La influencia de la tecnología en la sociedad y el empleo

     La tecnología permite aumentar el tiempo de trabajo, la productividad y como consecuencia se reducen los precios unitarios del producto.

     El capitalismo de consumo de masas ha optado por un aumento de la renta del proletariado y la clase media, con lo que puede acceder a bienes de consumo y aumentar el mercado, ya que hay más personas que pueden comprar los bienes de consumo. En la sociedad de consumo de masas el sueldo del trabajador está por encima de la mera subsistencia, pero no por encima de la demanda de los bienes necesarios. Las necesidades básicas han aumentado, y se siguen creando, a través de la publicidad.

     El aumento de la capacidad productiva implica la necesidad de menos mano de obra para producir lo mismo, con lo que aumenta el paro en términos globales. También se corre el riesgo de superproducción y exceso de demanda. El aumento del paro, y de la precariedad en el empleo, disminuye el poder adquisitivo general, y el gasto familiar real.

     La tecnología permite la creación de nuevos empleos y servicios, con lo cual no todo el empleo destruido se convierte en paro, pero los nuevos empleos generados son menos que los destruidos. La aplicación de la informática al sector servicios ha supuesto un aumento espectacular del paro, ya que no hay trasvase de trabajadores a otros sectores. No obstante, son precisamente las nuevas tecnologías, aplicadas a Internet, y el comercio electrónico las que a corto plazo están creando más empleo. El símbolo de esta situación es el «dinero de plástico» y los cajeros automáticos, con los que es posible disponer de dinero para consumir de un modo fácil y rápido. Los bancos trabajan las veinticuatro horas del día, aunque no sus empleados.

     La tendencia es a que las máquinas y los ordenadores ocupen cada día un lugar más central, y su uso sea cada vez más individualizado y selectivo. Las tareas del trabajo han cambiado en todos los sectores, desde la agricultura, a los servicios, pasando por la industria, gracias a las máquinas. Hoy en día el obrero es, ante todo, un operador de una máquina.

     La tecnología permite a los países desarrollados tener información de todos los rincones del mundo en un tiempo récord. Un mundo sin distancias en el que cada noticia y suceso se conoce en cualquier parte. La «aldea global» en la que todo está conectado.

     Sin embargo, aún en los países desarrollados, esto no deja de ser una ilusión. Las diferencias sociales y la marginación se producen, tanto por la situación económica, como por las diferencias de acceso a la información y el transporte. El Tercer Mundo, en su mayoría, es ajeno a estos avances, que son, más bien, propios del capitalismo desarrollado de consumo de masas.

     En la sociedad capitalista el mismo acceso a la información, de las clases medias y la burguesía, e incluso del proletariado, produce una sensación de igualdad de oportunidades que no tiene en cuenta la posición de partida para aprovecharlas. La tecnología tiene, así, un efecto propagandístico y de escaparate del capitalismo, muy eficaz.

     El mayor peligro es que el uso masivo de la tecnología, el confort y la información nos impida ver cómo es nuestra sociedad en sus relaciones cotidianas, económicas y sociales. El mito de la información objetiva, y que cada cual saque sus conclusiones, es falso, ya que el exceso de información impide la reflexión y el análisis, y la falta de formación ideológica nos priva de un instrumento eficaz para el análisis de la realidad. Las diferencias de educación se traducen en divergencias de opinión y estas en diferencias sociales.

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