Pero, ¿qué es la paz? Esta es una de las discusiones ideológicas que se han mantenido durante los últimos años. En principio, la paz es la ausencia de guerra, sin embargo, está claro que esta definición se queda corta, porque puede haber ausencia de guerra e inestabilidad social por causas económicas, políticas, etc. El concepto de paz también debe incluir la paz social, donde no hay muertos ni declaraciones de guerra, pero donde sí hay detenidos por defender los derechos, y en donde los conflictos se resuelven de forma violenta, contra los bienes, las vías de comunicación y las personas. Los ejemplos más claros de esto los tenemos en los países con dictaduras y en España, donde entre octubre de 1998 y el 28 de noviembre de 1999 la ETA proclamó una falsa tregua. Durante ese período no ha habido ningún asesinato, pero no han cesado las algaradas callejeras, las extorsiones, ni las amenazas, que han creado un clima de violencia difícilmente soportable. Hoy en día, la actividad del terrorismo internacional, con el atentado del 11 de septiembre en la Torres gemelas de Nueva York, que provocó miles de muertos, y el atentado del 11 de marzo en Madrid, en el que murieron cientos de personas, se tiene la sensación de estar inmerso en una guerra no declarada contra una minoría fanática que optan por el terrorismo para imponer su modelo social.
El pacifista está tanto contra la guerra, como contra las maneras violentas de resolver los conflictos, por ser ilegítimas y, a la larga, ineficaces.
Por otra parte, la guerra no es una querella entre individuos amplificada, sino un esfuerzo de dominación política y económica de un Estado sobre otro, o sobre un pueblo o un territorio.
Según este concepto, es muy posible que la guerra, como institución, nazca durante la Edad de los Metales, ya que el dominio del territorio donde existía el cobre, el estaño o el hierro, por un lado, y los mercados, por otro, suponían una riqueza suplementaria para el pueblo dominador.
En la aparición del pacifismo, como ideología, tienen mucho que ver las religiones, como el cristianismo y el budismo, que predican el amor a los demás y la renuncia a las cosas del mundo, como modelo de vida.
El pacifismo
moderno se puede remontar hasta los anabaptistas
y otros grupos religiosos que en la Francia
del siglo XVI
se negaron a participar en las guerras de religión. El católico
Boétie
,
defendió la táctica no violenta a través
de la desobediencia a los jefes. En el siglo
XVIII,
los cuáqueros, crearon
comunidades en Pensilvania
(EE UU) lo que les libró de la guerra durante muchos años.
Tras la guerra franco-prusiana aparecieron los primeros grupos pacifistas. Estaban formados, generalmente, por socialistas que se negaron a participar en una guerra burguesa.
Pero es en el siglo XX, y después de la primera guerra mundial, cuando el pacifismo toma carta de naturaleza, como ideología asumida por gran parte de la sociedad.
Las grandes
figuras del pacifismo en el siglo XX son: Mohandas
Gandi, Juan XXIII, con su encíclica Pácem in
Terris,
Martín
Lutero King y León Tolstoi, que abogaba por una revolución
social no violenta.
Mohandas Gandi utilizará la estrategia de la no violencia para oponerse al gobierno inglés de la India, y como medidas de presión utiliza la resistencia pasiva, la no colaboración y la desobediencia civil. No utiliza armas, pero tampoco la paz social. En primer lugar está la no colaboración, que implica renunciar a las supuestas ventajas que ofrece el sistema británico, con el fin de paralizar la maquinaria del Estado. En segundo lugar está la desobediencia civil, según la cual se transgreden deliberadamente las leyes injustas buscando la detención y la condena, que se acepta sin apelar y sin defensa; para poner en evidencia lo injusto de las leyes y crear un estado de opinión en contra, incluso de sus defensores. Y en tercer lugar la resistencia pasiva, que son los tres pilares de la estrategia de la no violencia.
El socialismo, sobre todo en el siglo XIX, es pacifista en un sentido: condena la lucha entre Estados, la guerra burguesa, a favor de la lucha de clases y la solidaridad obrera internacional. Se niega a tomar parte en las guerras concretas. Sin embargo, su fracaso ante la guerra franco-prusiana y en la primera guerra mundial le lleva a replantearse su postura.
La primera
guerra mundial produjo un rechazo generalizado hacia la
guerra,
pero sólo algunos hicieron algo positivo. En Inglaterra
se proclama el Juramento de Oxford
en el que los firmantes se niegan a volver al luchar por la patria y el
rey. Juramentos similares se hicieron en muchos países, pero fueron
firmados por una pequeña parte de la sociedad, y quedaron en papel
mojado ante la barbarie nazi.
Con la explosión de las primeras bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, se inicia una nueva era en la tecnología militar y en las relaciones internacionales. Socialmente se toma conciencia de que la esta tecnología es capaz de terminar con la vida humana sobre la Tierra, particularmente cuando estas bombas proliferan y aumentan su potencia, durante la guerra fría. Surge, entonces, un pacifismo radical y activo que se niega a utilizar la violencia para resolver cualquier tipo de conflictos, se opone a cumplir el servicio militar obligatorio y, en definitiva, rechaza aprender a matar.
Los primeros grupos pacifistas aparecen en los países escandinavos durante la invasión nazi en la segunda guerra mundial, pero su mayor desarrollo, y los más activos, surgieron en Estados Unidos durante la guerra de Vietnam (1956-1973). Los grupos de objetores de conciencia surgen desde diferentes posturas ideológicas, o religiosas como los testigos de Jehová o el islam. Pero, sobre todo, son grupos antimilitaristas de todo tipo.
La objeción
de conciencia tiene en Estados Unidos una
cierta tradición.
Durante la guerra contra México en 1845
Henry David
Thoreau
sienta las bases de la desobediencia civil y aboga por el derecho a
rechazar
el servicio militar obligatorio.
Los primeros grupos pacifistas abogan por el desarme nuclear definitivo, como una reivindicación inexcusable. El terror al holocausto nuclear es el principal motor de toma de conciencia de las ideas pacifistas por parte de la sociedad. Aunque en la actualidad la paz se plantea de otra forma.
Durante los años 80 los grupos pacifistas más activos, y de mayor calado social, se encuentran en Alemania. Alemania sufre especialmente la guerra fría y las consecuencias de la política de bloques, con lo que se desarrolla una especial sensibilidad antimilitarista.
Estos grupos son, con frecuencia, reprimidos violentamente, sobre todo en los países donde no están garantizadas las libertades mínimas, ya que opinan y protestan fuera de la lógica del sistema.
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