Se tiende a creer que las sociedades antiguas cambian poco, pero esta es una apreciación, sin duda, fruto de la ignorancia a cerca de ellas. Probablemente ocurra lo contrario. Vivimos en una sociedad muy organizada, con un nivel económico alto, muchos servicios y muchos derechos que queremos conservar a toda costa, aún por encima de las modas y los cambios a corto plazo. Tendemos a ser más conservadores.
Probablemente, el cuerpo teórico y dogmático que anima a la mayor parte de los sociólogos e historiadores es la creencia en el fin de las ideologías, el agotamiento y el cansancio, incluso la muerte, de los grandes sistemas ideológicos, sin darse cuenta que la ideología siempre existe y que quien hace dejación de ella asume la ideología dominante acríticamente. Se asume, así, una ideología transmitida por los medios de comunicación y la educación, y que tiende a ser estática. Por eso conviene estudiar sistemas diferentes, que son los que promueven el cambio social. Entre estas ideologías diferentes están el feminismo, el pacifismo y el ecologismo, que son las más pujantes.
Estas ideologías se caracterizan por no estar dentro de los parlamentos, y ni siquiera están constituidas en partidos políticos, son las ideologías alternativas. Sin embargo, todas ellas tienen una gran fuerza dentro de la sociedad, crean opinión y promueven posturas positivas en su favor. Poco a poco impregnan los discursos de todos los partidos organizados y con representación parlamentaria, si bien de una manera un tanto distorsionada.
Aunque los movimientos alternativos han existido siempre, es en la década de los años 60 cuando en nuestra sociedad toman carta de naturaleza como movimientos de masas, generando simpatías y opiniones en nuestro entorno, de tal manera que hoy en día todo el mundo se considera un poco feminista, pacifista o ecologista, aunque no se asuman todas las posturas. Estos movimientos no ejercen el poder, pero crean un estado de opinión al que el poder termina acogiéndose, para no gobernar en contra de las masas.
Las nuevas tecnologías han proporcionado un arma nueva de organización de estos grupos. Los gobiernos controlan, en mayor o menor grado, los medios de comunicación de masas: prensa, radio y televisión. Pero la aparición de Internet y la posibilidad de que los teléfonos móviles reciban mensajes cortos de texto han revolucionado la organización de manifestaciones. En principio comenzó de manera lúdica, convocando a la mayor cantidad de gente en un punto concreto para hacer una cosa absurda y divertida, como saludar a una cámara de vigilancia, pero desde aquí el salto a convocar manifestaciones de manera rápida y espontánea fue muy fácil. Las manifestaciones contra el gobierno, en distintos países del mundo han comenzado a sucederse. Estos medios han tenido especial relevancia en la convocatoria de manifestaciones tras el atentado del 11 de marzo del 2004 en Madrid, sufrido tres días antes de las elecciones Generales en España. Durante los días 12 y 13 se convocaron manifestaciones multitudinarias a través de los teléfonos móviles para pedir explicaciones al Gobierno.
Estas teorías, durante el siglo XIX, justificaron el colonialismo y el triunfo del capitalismo.
La implantación de estas ideas en la sociedad es tan fuerte que todo el mundo se siente ecologista, pacifista y feminista en alguna medida. Claro que, a veces la desvirtuación de los objetivos es tan grande, que hay gente que afirma que los más feministas son los hombres, porque «les gustan las mujeres como deben de ser», los más pacifistas son los militares, porque en caso de guerra ellos son los primeros en sufrir, y los más ecologistas las grandes empresas, porque ponen remedio a la contaminación que producen. Todo un ejercicio de hipocresía y de desconocimiento de lo que es realmente la ideología.
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