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El feminismo en España

     El movimiento feminista en España no tiene una presencia destacada hasta instauración de la segunda República, cuando prende con fuerza. Desde las primeras Cortes republicanas las mujeres están presentes en la política y tienen derecho al voto.

     Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken son las primeras diputadas de las Cortes españolas.

     En el bienio radical-cedista se incorporan a las Cortes María Lejárraga, Matilde de la Torre, Veneranda García Blanco y Francisca Bohigas, y durante el gobierno del Frente Popular Dolores Ibarruri (La Pasionaria), y Julia Álvarez. En 1936 España es el país de mundo que más mujeres tiene en el Parlamento.

     Victoria Kent, diputada de la CEDA, es nombrada, en 1931, directora de Prisiones, hasta 1934. Por primera vez en el mundo una mujer es nombrada para un cargo público tradicionalmente masculino. Hasta entonces, incluso en la Unión Soviética, sólo se les daba cargos considerados como «asuntos de mujeres», o asuntos para los que «la mujer tenía una sensibilidad especial», como la educación o los diversos «asuntos sociales». Victoria Kent fue la primera mujer española que intervino en un juicio como abogado, en 1924, y en 1930 actuó como abogado ante el Tribunal Supremo, era la primera vez en la historia que una mujer actuaba ante un Tribunal Supremo. Murió en Nueva York en 1989.

     Margarita Nelken defenderá en el Parlamento la ley del Divorcio y la cuestión del voto femenino. Es una activista muy capaz, preocupada especialmente por la condición social de la mujer en España. Es diputada del Partido Socialista Obrero Español. Escribió, entre otras obras La condición social de la mujer (1921). Murió en Moscú en 1968.

     Clara Campoamor, militante del Partido Radical también defenderá la ley del Divorcio ante el Parlamento. Este es el tema más importante, en aquel momento, del feminismo activo en España. A fin de cuentas, en la mentalidad de la época, la manera de independizarse de su familia, para toda mujer, era casándose, y la del hombre trabajando, por lo que la mujer quedaba atada para siempre al marido que la sustentaba, independientemente de las condiciones del matrimonio. Partidaria de la concesión inmediata del voto a la mujer, sostuvo un agrio debate con Victoria Kent, partidaria de aplazarlo. También formará parte de la comisión encargada de redactar la constitución de 1931. Escribió El derecho femenino en España (1936), y La situación jurídica de la mujer española (1938), entre otras como Mi pecado mortal sobre el asunto del voto femenino en España. Murió en Lausana en 1972.

     Pero sin duda la más carismática de todas ellas fue Dolores Ibarruri, la Pasionaria. Ella es una activa dirigente comunista de gran fuerza, que lucha por los trabajadores. Sus discursos durante la guerra civil, en la defensa de Madrid, la convierten en un mito. Se exilia en Moscú. Regresa a España en 1977. Ese año se presenta a las elecciones generales y sale elegida por Asturias. No obstante, dimite de su escaño a los seis meses. Murió en Madrid en 1989.

     Otra mujer importante en tiempos de la república fue Federica Montseny. Ella está fuera del parlamento, ya que es anarquista, pero durante la guerra civil participó en un gobierno de compromiso, cosa de la que se arrepentiría más adelante. Fue la primera ministra de la historia de España. Murió en Toulouse el 15 de enero de 1994.

     En Cataluña, durante la guerra civil, surge el Grupo de Mujeres Libres, de tendencia anarquista. Se trata de una asociación que reúne a unas 20.000 afiliadas, y que practica un feminismo activo y radical. Muchas de ellas habrán luchado en el frente como milicianas. Publican la revista Mujeres Libres, que es de lo más revolucionario y progresista que el feminismo ha hecho nunca. La mayor parte de sus reivindicaciones hoy se consideran básicas, pero otras aún están por conquistar. Entre las animadoras de este grupo se encuentra Lucía Sánchez, Mercedes Comaposada y Amparo PochPronunciado /pok/.

     Durante el franquismo la mujer española pierde todos sus derechos y es reducida al papel de esposa, madre y mujer piadosa. No tenía derecho, siquiera, a administrar sus bienes, tener pasaporte, o poner una denuncia. En un juicio, para que el testimonio de las mujeres se tuviese en cuenta como el de un hombre, debían formularlo dos. La mujer está, literalmente, secuestrada en casa. Sin embargo, los avances sociales pueden más que las leyes injustas. En los años 60 y 70 España tiene un crecimiento económico muy importante. Se permite la emigración y el turismo. Todo ello muestra otro estilo de vida, más democrático y, sobre todo, otro concepto de la mujer que poco a poco va calando en la sociedad. En 1970 la nueva ley general de Educación no puede obviar el asunto y reconocerá el derecho a una educación igual para todos, incluidas las mujeres. Las mujeres van tomando conciencia de sus derechos, comienzan a reclamarlos, y la sociedad cada vez ve más normal que se les concedan. No obstante, estos derechos no serán reconocidos en España hasta la proclamación de la constitución en 1978. Desde entonces las mujeres españolas han conseguido los mismos derechos que las de cualquier país desarrollado.

     En la actualidad, el feminismo ha dejado de ser radical, pero impregna la ideología de toda la sociedad, de tal manera que es impensable, e imposible, legislar discriminatoriamente contra las mujeres, o tomar decisiones que no las tengan en cuenta. No obstante, los hechos nos siguen diciendo que la mujer sufre, en muchos casos, situaciones de opresión. La mujer sigue siendo el pilar fundamental del hogar, le cuesta más encontrar trabajo y, en caso de que lo consiga, suele tener un puesto inferior y un sueldo menor, en la empresa privada.

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