El nuevo país se crea sobre tierras de Palestina, que vienen siendo habitadas desde hace siglos por árabes y palestinos. La convivencia entre musulmanes y judíos se hace imposible desde el primer momento, al expulsar los judíos de Gaza y Cisjordania a los palestinos. Israel ensancha, así, sus fronteras; en varias guerras, sobre todo en la guerra de los Seis Días, librada en 1967. Esta política provoca la defensa del pueblo palestino, que se ha visto privado de sus territorios. Hay que señalar que hasta 1948 la región estuvo bajo mandato británico, tras la desaparición del imperio Otomano, por lo que nunca ha habido un Estado palestino.
Las guerras continúan con Jordania y el Líbano. En el Líbano comienza una guerra civil entre árabes y cristianos, sostenida por Israel por razones estratégicas, con la excusa de atacar las bases de los terroristas palestinos en el sur del país.
Los palestinos,
al no poder ofrecer una guerra abierta entre Estados, optan por la estrategia
terrorista de la OLP (Organización para la Liberación
de Palestina). En 1989 esta
opción está
agotada y comienza la intifada,
una rebelión
de los palestinos menores de edad, contra los soldados israelíes,
tirándoles piedras. La intifada aparece tras el estancamiento de
la estrategia terrorista y alejada del grupo que la mantenía. Resulta
muy
efectiva y, en 1991 en Madrid,
comienzan las
negociaciones
de paz entre palestinos e israelíes. No obstante, hay
muchas
dificultades para alcanzar una paz que aún no se ha logrado por
culpa de los sectores más intransigentes
de
ambos bandos, los integristas judíos, el Likud
y el grupo de Hamás
.
El movimiento sionista, que reclamaba Palestina para los judíos, había nacido en Suiza en 1897. Tras la primera guerra mundial, con el beneplácito de la Sociedad de Naciones en 1922, Gran Bretaña obtuvo un Mandato sobre Palestina y comenzaron a realizarse asentamientos judíos de gran envergadura. La comunidad judía se multiplicó por diez durante este periodo, especialmente en la década de 1930, en la que un gran número de judíos huyeron de las persecuciones nazis en Europa. En 1947 Gran Bretaña decidió abandonar Palestina y recurrió a la ONU. Como respuesta, la ONU adoptó un Plan de Partición que proyectaba la división de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, con Jerusalén como zona internacional bajo su jurisdicción.
En Palestina las protestas árabes contra la partición estallaron con violencia; sin embargo, el 14 de mayo de 1948, el Consejo Provisional del Estado proclamó el establecimiento del Estado judío de Palestina, que estaría abierto a la inmigración de judíos dispersos por todo el mundo. Ese mismo día comenzó la guerra.
La guerra produjo el exilio de 780.000 palestinos que se distribuyeron por los países vecinos. Tras cada guerra los palestinos serán expulsados por la fuerza de sus casas, demoliéndolas literalmente. Estos desalojos se hacen para favorecer el establecimiento de colonos en kibutz. Los kibutz son comunidades de Israel en la que no existe la propiedad privada y el trabajo se organiza colectivamente. Sus miembros contribuyen al trabajo según sus capacidades y a cambio reciben alimento, vivienda o atención médica. Disponen de una gran influencia política en este país. En principio fueron un modelo de vida socialista, pero hoy son auténticos arsenales de armas, enclavados en un entorno hostil y habitados por integristas judíos.
Todos los intentos por convertir los acuerdos del armisticio entre árabes e israelíes en un tratado de paz permanente fracasaron. Egipto se negó a permitir que los buques israelíes utilizaran el canal de Suez y bloqueó el golfo de Aqaba (el acceso de Israel al mar Rojo), lo que Israel consideró como un acto de agresión. Los incidentes fronterizos con Egipto provocaron el estallido en 1956 de la segunda guerra árabe-israelí. Gran Bretaña y Francia se unieron al ataque debido a su disputa con el presidente de Egipto, Gamal Abdel Naser, que acababa de nacionalizar el canal de Suez. Israel obtuvo una rápida victoria y conquistó la franja de Gaza y la península del Sinaí. A finales de ese mismo año sus tropas se retiraron de Egipto, pero se negó a abandonar Gaza hasta comienzos de 1957.
Tras la segunda guerra árabe-israelí, la imagen del presidente egipcio Naser salió fortalecida en todo el mundo árabe, que asistió al crecimiento de un ambiente nacionalista con deseos de revancha contra Israel. La formación de un comando militar árabe unificado, que concentró sus tropas en torno a las fronteras, hizo que Israel atacara Egipto, Jordania y Siria simultáneamente. La guerra de los Seis Días (5 al 10 de junio de 1967) finalizó con la decisiva victoria de Israel. Tras la guerra, Israel se anexionó la franja de Gaza, la península del Sinaí, la parte árabe del Jerusalén oriental, Cisjordania y los altos del Golán. El gobierno unió formalmente Jerusalén oriental y el sector judío de la ciudad pocos días después de que finalizara la guerra.
En 1973, Egipto y Siria se unieron durante la guerra del Yom Kipur contra Israel para recuperar los territorios que habían perdido en 1967. El Ejército de Israel venció a sus atacantes, pero a costa de que las fuerzas árabes se granjearan el apoyo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y de la mayor parte de los países en vías de desarrollo. Los estados árabes productores de petróleo iniciaron el embargo de sus exportaciones de crudo a Estados Unidos y a otros estados occidentales como represalia por su ayuda al Estado judío.
Durante estas guerras y su consiguiente represión de la población palestina fueron destacando diferentes generales que han dominado la política israelí hasta la actualidad.
En noviembre de 1976 la ONU aprueba una resolución que exige la retirada israelí de los territorios ocupados, pero fue rechazada por Israel, que reforzó la frontera con el Líbano, donde se encontraban gran número de campamentos palestinos. Esta fue una zona de conflicto. Incluso Israel provocó una guerra civil en el Líbano que duró hasta 1990.
Tras la guerra del Yom Kippur siguieron creciendo lo disturbios en Israel y la constantes críticas a sus dirigentes políticos.
Pero la situación
era insostenible. No se
podía vivir permanentemente
en guerra o con amenaza de ella, y no se podían crear empresas ni
impulsar un desarrollo económico. Menahem
Begin
fue el primer dirigente de Israel que firmó un acuerdo
de paz con un Estado árabe. Esto fue el resultado de una
iniciativa sorpresa del presidente de
Egipto Anuar al-Sadat,
que en 1977 solicitó a Begin
que se iniciaran
conversaciones
de paz. El tratado se firmó en Camp
David
(EE UU) en noviembre de 1979, con Carter como anfitrión.
Israel se había retirado de los altos del Golán en 1974 y
ahora se retiraba del Sinaí.
Sin embargo las tensiones no cesaron. La anexión de los altos del Golán, que tuvo lugar en 1981, hizo que las relaciones exteriores de Israel se volvieran tensas con países con los que antes habían sido amistosas. A pesar de estos acontecimientos y de las complicaciones ocasionadas por el asesinato de Anuar al-Sadat (1981), la retirada final de Israel de la península del Sinaí se produjo en abril de 1982. Dos meses más tarde Israel invadió Líbano con el objetivo de acabar con la presencia de la OLP, que tenía allí bases desde las que realizaba numerosos ataques contra territorio israelí. A mediados de agosto, la OLP hubo de abandonar Líbano. A finales de la década, la aparición de la intifada y la dura respuesta del gobierno israelí generó críticas por parte de Estados Unidos y de la ONU.
Fue fundada en el sector jordano de Jerusalén en mayo de 1964. Aunque integrada por los grupos de refugiados y las guerrillas de fedaiyines (entre otras al-Fatah, al-Saiqa y el Frente Popular para la Liberación de Palestina), pronto recibió adhesiones a título individual y de asociaciones de profesionales, obreros y estudiantes. La OLP, de acuerdo con sus estatutos, se dedica a movilizar al pueblo palestino para «recuperar su hogar usurpado».
Con las guerra se produjo un aumento del nacionalismo palestino. Varias organizaciones guerrilleras de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) cometieron actos terroristas, con el objetivo de «liberar Palestina».
Desde 1968 la OLP ha estado encabezada por Yaser Arafat, líder de al-Fatah. Durante una cumbre árabe celebrada en Rabat (Marruecos), en 1974, la organización fue reconocida por la ONU como «la única representación legítima del pueblo palestino».
La intifada fue un importante factor para la firma del acuerdo de paz y la formación de una entidad palestina autogobernada en Gaza y Jericó.
Hamás (Movimiento de Resistencia Islámica), es un grupo extremista islámico palestino que pretende expulsar a Israel de los territorios palestinos mediante la lucha armada y el terrorismo. Fundado en 1988, combinó ataques contra israelitas (incluidos ataques indiscriminados de suicidas) con acciones contra los palestinos moderados. Se opuso firmemente al proceso de paz que condujo a la creación de la Autoridad Nacional Palestina en 1994.
En 1993
el primer ministro israelí, Isaac Rabín,
y el presidente de la OLP, Yaser Arafat,
se reunieron
en la ciudad de Washington
y acordaron firmar un histórico tratado de paz. Israel permitió
la creación de un gobierno autónomo en la
franja
de Gaza y en las zonas de Cisjordania en las que no
hubiera población
judía. La franja de Gaza quedó bajo la administración
de la Autoridad Nacional Palestina.
Se había iniciado el camino hacia una autonomía palestina dentro de los territorios ocupados por Israel. En mayo de 1994 se formó el gobierno autónomo, la Autoridad Nacional Palestina, presidido también por Yaser Arafat. Pero el acuerdo se encontró con la oposición terrorista de Hamás y los ortodoxos judíos, junto con el Likud. Y es que aunque ya tenían territorios no podían formar un Estado independiente.
El triunfo en elecciones de Sharón ha hecho triunfar las tesis de la solución militar, agravada por la incapacidad de Arafat para llegar a acuerdos. Los últimos episodios han sido la construcción de un muro entre Israel y Palestina promovido por Sharón, y que ha dificultado mucho la llegada a acuerdos de paz. El último acuerdo de paz (llamado Hoja de Ruta) está encontrando muchas dificultades para su aplicación, fundamentalmente por la intransigencia de ambos bandos y porque no tiene un horizonte claro que los políticos moderados de ambas partes puedan defender ante los más extremistas.
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