También en el año 2002 han aparecido grupos de ultraderecha con representación política en Holanda y en Dinamarca. Estos grupos tienen claras diferencias con el neofascismo que conocíamos. En primer lugar no se identifica con él, y por lo tanto tampoco con el fascismo histórico. Es por esto que no se les llama claramente fascistas, si no partidos de ultraderecha. Sin embargo tiene algunas características que aparecen igualmente en el fascismo histórico, aunque no todas.
En la nueva ultraderecha podemos observar características típicamente fascistas:
Son grupos que no se reconocen entre sí. Esta era también una característica del fascismo histórico, ya que para los fascistas el fascismo italiano no era lo mismo que el nazismo alemán o que el franquismo español, y viceversa.
Sus partidos declaran que no tienen ideología. Esto es claramente un fraude, ya que todo partido necesita una ideología. Esta también es una característica del fascismo histórico, que se declaraban tanto anticomunistas como anticapitalistas.
Llegan a la sociedad con mensajes populistas. Pero no cualquier mensaje que pueda ser aceptado por la población sino aquellos que surgen de un estado visceral; como por ejemplo la pena de muerte para terroristas, narcotraficantes y violadores o el tema de la inmigración. Este populismo también es una característica del fascismo histórico.
Son nacionalistas proteccionistas. Es decir, pretenden salir de la Unión Europa y el euro (o al menos que estén supeditados a sus intereses) y ven como un problema que se construya una mezquita en cada pueblo (por ejemplo), lanzan mensajes como primero: «los que aquí» para recibir prestaciones viviendas, etc., aunque se pasen por encima de los Derechos Humanos.
Y aunque defienden los intereses del empresariado nacionalista proteccionista y cuyo cliente principal es el Estado es votado, al igual que le fascismo histórico, por los trabajadores y los pequeños empresarios descontentos.
Esta última característica, el del nacionalismo proteccionista (sobre todo en lo económico y lo social) es lo que les revela como fascistas, y lo que les vincula al fascismo histórico aunque en sus manifestaciones externas sobre la dictadura, la falta de libertad, el culto a la personalidad, y el control social por la fuerza, no se les vea claramente.
Su éxito político cíclico parece deberse a una cierta atonía de los partidos democráticos. En todos los países los dos partidos mayoritarios, los que pueden gobernar, suelen tener políticas muy similares, por lo que el ciudadano no ve alternativa y tiende a abstenerse o a votar a partidos que le ofrecen alternativas, aunque sean demagógicas. Las políticas de los partidos democráticos tienden a asumir las posturas liberales de poca intervención del Estado. Sin embargo, en Europa el éxito de la sociedad del bienestar exige un Estado medianamente fuerte e intervencionista.
Los caballos de batalla políticos de esta nueva ultraderecha, que les dan votos, son la inseguridad ciudadana y la inmigración. Son «problemas» muy inmediatos que el ciudadano ve en la calle. Ya que cuando se habla de inseguridad ciudadano no se están refiriendo a los grandes delitos sino a la pequeñas delincuencia. Su solución es meramente policial, y ahí es donde está la demagogia, ya que tratan las consecuencias en lugar de las causas. Además, para ello ponen en peligro el régimen de libertades que conforman un sistema democrático.
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