A pesar de ser un instrumento del gran capital, el fascismo se nutre, fundamentalmente, de la pequeña burguesía empobrecida y descontenta, y del proletariado marginal. Lo que no evita que el fascismo continúe siendo el arma del capitalismo decadente que pretende controlar la economía desde el poder político, sin que parezca que está involucrado el poder económico.
El fascismo nace tras la primera guerra mundial, desde la ideología de los nacionalismos radicales, en Italia, donde se forman los fascios, que serán la primera gran organización fascista, la cual está integrada, principalmente, por excombatientes. Italia está entre los países vencedores de la guerra, pero se siente perjudicada en los tratados de paz. Los fascios se desarrollan, extraordinariamente, bajo el mando de Benito Musolini, y en 1922 marchan sobre Roma y toman el poder, que les es entregado por el rey Víctor Manuel III.
En los años treinta, la oposición al fascismo limará las diferencias, entre los liberales y los comunistas, ante el enemigo común.
Existen numerosas interpretaciones sobre lo que es el fascismo, pero popularmente es tiende a confundirlo con los conservadores tradicionales, monárquicos, y la búsqueda de ley y orden dentro de la derecha. Veremos que esta interpretación no es correcta. El fascismo es, ante todo, un instrumento del gran capital y no una rebelión mística de la pequeña burguesía. También está la tesis liberal, individualista, que afirma que hay una identidad próxima entre el fascismo y el comunismo, por ser ambos regímenes totalitarios que se mantienen por el terror. Para ellos, el fascismo, como tal, no existe.
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