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La crisis económica

     La crisis económica que se inicia en 1929 afecta gravemente a la burguesía media, que sufre sus consecuencias y no tiene el seguro de una buena renta, ni la protección del Estado. El empobrecimiento de la clase media y el proletariado, y el triunfo de la revolución socialista en Rusia, provoca miedo a una revolución social tanto en la pequeña como en la gran burguesía. Ambas defenderán sus pequeñas o grandes propiedades a cualquier precio.

     La crisis afecta a todo el mundo, a causa del concepto liberal de la libertad de mercado. La única manera de que no afecte la crisis a un país es teniendo un mercado protegido. El mercado incontrolado extiende la crisis por todo el mundo, lo que lleva el descontento a las clases medias, y a los parados desencantados y desesperados, cuyo número alcanza unas cifras espectaculares. El paro se convierte en un fenómeno de masas.

     La gran burguesía mantiene sus ingresos gracias al proteccionismo del mercado exterior y a la sumisión, a menudo conseguida violentamente, de la clase obrera. Además, la gran burguesía se mantiene también con las subvenciones del Estado y las obras públicas. La burguesía sólo es una clase unitaria cuando se siente amenazada por un enemigo externo; de lo contrario tiene frecuentes enfrentamientos internos.

     El gran capital utilizará al fascismo como milicia antiobrera, ante el peligro de revolución socialista, lo que unirá a la pequeña y a la gran burguesía frente a un enemigo común, una revolución socialista, que en la época se ve como algo muy posible, ya que ha triunfado en la URSS. Pero los métodos de los agentes fascistas pasarán por encima de la legalidad, formando bandas violentas de matones. Cuando un Estado no le asegura sus beneficios, la gran burguesía lanza al poder a los fascistas, que les garantizan la intervención de la economía en su favor, sin el peligro de desórdenes públicos.

Italia

     En Italia, tras la guerra mundial, se palpa en todas partes el espíritu revolucionario. Los sindicatos consiguen algunas de sus reivindicaciones más importantes, y tiene en la huelga una de sus armas más eficaces. Se hace necesaria una reforma agraria de tipo político, que es exigida con insistencia.

     En esta situación el gran capital recurre a los fascios de Benito Musolini para atemorizar a los obreros y reventar las huelgas y las manifestaciones de forma violenta. Los fascios se convierten en partido en 1921, un partido cuyo programa aún no está del todo definido, pero que su labor fundamental es organizar algaradas antiobreras. Este partido está financiado por la gran burguesía, y su programa económico pretenderá beneficiarla con una política de grandes obras públicas. En 1922 se produce la marcha sobre Roma y el rey Víctor Manuel III les entrega el poder instaurándose así una dictadura fascista de partido único.

Alemania

     En Alemania se produce una auténtica revolución obrera tras la derrota en la guerra; una revolución en la que se hayan implicados los obreros y los campesinos, pero que no logra triunfar y es aplastada violentamente, tras el asesinato de Rose Luxemburg.

     Para conjurar el peligro de otra revolución, el gran capital acude a los cuerpos francos y las ligas de combate, que actúan violentamente contra los obreros. En 1920 Adolf Hitler organiza estos grupos en un sólo partido, el Partido Nacionalsocialista o Nazi. En 1923 son una organización única, el Partido Nazi. Su programa político está definido desde el principio: habla de los agravios de la guerra, de no pagar, del proteccionismo económico, de la docilidad del Estado frente a las potencias extranjeras, y de que el partido debe controlar el Estado.

     Las clases medias son víctimas de la competencia del libre mercado, y ven con buenos ojos este programa. Para ellos la lucha de clases les es un concepto extraño, ya que son considerados como burguesía por el proletariado, pero no son, ni mucho menos, ricos. Les es más próximo la idea de colaboración de las clases en un proyecto común, la idea de patria y de nación, y de poner el interés general y el Estado por encima de las clases.

     Los campesinos son parte de la pequeña burguesía, puesto que son pequeños propietarios de las explotaciones que cultivan. Además, los precios agrícolas crecen menos que los industriales, lo que genera una tensión entre agricultura e industria. El principal capital del campesinado es el precio de la tierra.

     El Partido Nazi se nutre de estas clases descontentas. Hitler intentará un golpe de Estado en 1922, por el que será condenado a prisión, pero ganará las elecciones de 1933.

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