Los grupos de fascistas se instalan poco a poco en el poder. En 1920 obtienen el Ministerio de la Guerra, y elaboran un plan para contactar con todos los grupos antisocialistas. En 1922 están perfectamente organizados bajo las órdenes de Musolini y marchan sobre Roma para conquistar el poder, que les es entregado por Víctor Manuel III, en un golpe de Estado incruento. Tiene una alianza con el Ejército para que no intervenga, en el que le conceden amplios poderes. Una vez en el poder, hacen un plebiscito para legitimar su golpe de Estado.
El proletariado no reacciona ante este ascenso del fascismo. Su no intervención está condicionada por ser, en muchos casos, compañeros de clase. Sin embargo, el fascismo está al servicio de la clase dirigente, que tiene la posibilidad de crear un gobierno fuerte que sirva a sus intereses, por eso los fascismos son lanzados al poder.
Una vez en el poder el proceso es el mismo en todas partes. Se suspenden las libertades y los partidos, pero intentan mantener una apariencia legal cambiando la constitución, aunque luego utilizarán la violencia para imponerla. La pequeña burguesía conquista el poder y el partido se confunde con el Estado. La burguesía capitalista comienza a retirar la confianza a los fascistas cuando empiezan a gobernar, porque ven que sus excesos generan violencia social y existe la posibilidad de una guerra. Además, los fascistas en el poder se ven obligados a llevar a cabo su programa, demagógico, anticapitalista.
El Estado fascista purga al partido y se transforma en una dictadura militar y policíaca. Pero tampoco olvidan de dónde vienen, y quién les ha apoyado para conquistar el poder. No se puede gobernar en contra de la clase que tiene el poder económico. Además, es de la burguesía de donde vienen los fondos económicos.
Nunca dejan de tener una base social, gracias a la propaganda y a la demagogia, pero para conseguir sus objetivos es necesario inducir al país a una política exterior expansionista, y al final a una guerra. Sus mayores enemigos no son los partidos de izquierdas, sino la derecha liberal, pues son los competidores directos del electorado y tienen una política económica no intervencionista, a diferencia de ellos. Sin embargo, ponen mucho empeño en destruir el sindicalismo obrero, suprimiendo los sindicatos de clase e imponiendo los sindicatos verticales, la izquierda les quita su fuerza de choque.
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