El preámbulo
marca el espíritu con que se ha hecho la
Constitución,
y sus bases ideológicas. Este es un espíritu democrático,
liberal, protector del bienestar de los españoles y de
respeto
a la estructura social y económica existente. Determina un modelo
de Estado pluralista, no
centralista, pero sí
unitario,
dentro de una monarquía parlamentaria.
Se
pretende «garantizar
la convivencia
democrática, consolidar el Estado de Derecho, proteger a todos los
españoles en el ejercicio de los Derecho Humanos, su cultura,
tradiciones,
lenguas e instituciones, establecer una sociedad democrática y
fortalecer
las relaciones pacíficas y la cooperación con otros pueblos».