El GATT procura la liberalización del mercado internacional, cosa de la que se benefician los países ricos. El BM y el FMI prestan ayudas a la inversión en el Tercer Mundo, pero son altamente ineficaces. El 1 de enero de 1995 fue sustituido por la OMC (Organización Mundial del Comercio).
La reunión
de la OMC, en Seattle
1999, trató de liberalizar aún más el comercio
internacional, pero fue un fracaso, ante las presiones de los países
europeos, por un lado y el Tercer Mundo, por el otro que no quería
renunciar a su ventaja más competitiva: una mano de obra barata.
En esta reunión salieron a la luz pública los movimientos
antiglobalización.
El problema de los países del Tercer Mundo no es la falta de canales de inversión, sino la inexistencia de canales de distribución equitativa de las rentas. Las inversiones en el Tercer Mundo son aprovechadas por aquellas personas que tienen medios para invertir en cambios y aprovecharlos, que no son los desfavorecidos del Tercer Mundo. La concesión de créditos aumenta la deuda exterior de los países, que para pagarla tienen que aceptar políticas liberales que benefician a los ricos y crean miseria, formando un círculo vicioso muy difícil de evitar. Al reducirse los beneficios y la riqueza, aumenta la deuda, y así sucesivamente.
Aunque teóricamente el capitalismo desarrollado no es intervencionista lo cierto es que la economía, a todos los niveles: nacional, internacional y privado (con las multinacionales) está muy intervenida, por lo que existe una auténtica política económica más o menos eficaz.
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