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La industrialización del Tercer Mundo

     La industrialización del Tercer Mundo es un hecho reciente, que se debe a la política de desconcentración productiva de las multinacionales, y que buscan en los países pobres mejores condiciones de contratación de la mano de obra, incluso llegan a emplear fuerza de trabajo infantil en condiciones de semiesclavitud; y otras ventajas fiscales.

     La producción de estas industrias no va dirigida al aumento del consumo interno, sino a la exportación, con lo cual los beneficios de la fabricación también se exportan. El GATT es la institución internacional que vela por la libertad de comercio, con lo que permite a las grandes multinacionales esta búsqueda de fuerza de trabajo barata y esas mejoras fiscales en los países del Tercer Mundo. El 1 de enero de 1995 fue sustituido por la OMC (Organización Mundial del Comercio).

     Las condiciones en las que trabaja un obrero del Tercer Mundo son mucho peores que las de cualquier trabajador en el mundo desarrollado. Peor seguridad e higiene en el trabajo, poco respeto al medio natural, menos controles de calidad, etc., son las constantes en este tipo de producción. La llegada de las grandes multinacionales hace desaparecer la industria autóctona en escasa medida, ya que esta no era capaz de introducirse en los circuitos internacionales y continúa dedicándose al mercado nacional. Además, fabrica productos de consumo interno, mientras que las multinacionales obtienen mercancías que nada tienen que ver con la industria autóctona. Sin embargo, algunas empresas comienzan a fabricar componentes para las multinacionales y terminan dependiendo de ellas, en exclusiva. Son empresas subsidiarias autóctonas.

     Estos procesos han tenido lugar en todos los países del Tercer Mundo, pero ha sido más espectacular en los países asiáticos, por el empuje de la economía japonesa, en México y en Brasil, por su buena posición en las rutas del comercio internacional.

     Los beneficios de esta industrialización terminan en manos extranjeras o en la oligarquía autóctona, lo que explica porqué los países siguen subdesarrollados, a pesar de sus altos índices del crecimiento. Faltan los canales de distribución de la riqueza, lo que implica que existan grandes diferencias sociales.

     La crisis de 1973 fue el detonante de esta industrialización del Tercer Mundo, ya que en los países desarrollados la energía era muy cara y el proletariado había conseguido unas condiciones de alquiler de la fuerza de trabajo más favorables. Además, la tecnología permitía aumentar la productividad empleando poca mano de obra, aunque muy especializada. Al Tercer Mundo se fueron aquellos procesos productivos que necesitaban mucha mano de obra.

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