La política
de empleo depende de las condiciones de
contratación
de la mano de obra que las empresas
impongan al trabajador,
y la legislación que haya en
cada país.
En general se tiende a promover la
experiencia y la especialización
del trabajador, a abaratar las condiciones de contratación, a la
negociación
colectiva bilateral entre empresas y trabajadores (que se
plasman
en convenios), y al
trabajo temporal.
La estrategia patronal consiste en reducir
costes
y no invertir más que lo necesario, con lo que se tiende a una
acumulación
especulativa del capital.
El paro
se ha convertido, en los años 80 y 90, en un fenómeno
masivo, lo que perjudica a la economía de consumo de
masas.
Afecta
con más intensidad a los no especializados, los jóvenes,
las mujeres y las minorías marginadas socialmente, lo que hace aparecer
los fenómenos del contrato en precario y la economía sumergida.
El
sector empresarial
El sector empresarial
en España está muy bien estructurado,
aunque en determinados sectores existen desequilibrios importantes. Por
un lado están las grandes compañías,
que son pocas y generalmente de capital público o extranjero; por
otro existen muchas empresas de tamaño
medio,
pero no tantas como debieran. El grueso del empresariado español
tiene pequeñas empresas familiares
con pocos
o ningún trabajador asalariado, que subsisten malamente.
Las empresas
tienden
a concentrase geográficamente en busca de economías
de aglomeración y de escala. En muchos municipios
se ofrece suelo industrial
ante el declive económico
de la zona, pero no suelen tener éxito por falta de economías
de aglomeración, y a veces de localización.
Las pequeñas
empresas suele ser subsidiarias de las grandes, y
normalmente dependen
de estas para la distribución de sus productos, convirtiéndose
casi en asalariados, y sin contrato.
En general,
se da una tendencia a la concentración
de las
grandes empresas que expulsan del mercado a las pequeñas. Esto se
nota mucho, en los últimos tiempos, en el sector del comercio.