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El desarrollo sostenible

     El sistema capitalista es, por excelencia, depredador de materias primas y contaminante. Cree en el crecimiento ilimitado, habrá crecimiento siempre que exista consumo, indefinidamente.

     Pero los recursos no son ilimitados, por lo que, por grande que sea la demanda, puede llegar un momento en que la oferta no sea posible, debido a la escasez de recursos que transformar. Esto hace necesarias nuevas tecnologías que consuman menos y utilicen otros elementos de la naturaleza como recurso.

     Se hace imprescindible adecuar los ritmos de explotación y de recuperación de los recursos, para evitar que se agoten. Los ritmos de recuperación son más rápidos y eficaces cuanto mejor se conserven las condiciones ecológicas que los producen.

     Esto supone que el desarrollo económico capitalista, para un determinado nivel tecnológico, tiene un límite, que es aquel que le impone la disponibilidad del factor tierra y las condiciones ecológicas que lo sustentan.

     No es lo mismo desarrollo sostenido que desarrollo sostenible. El desarrollo sostenido es aquel que aumenta de forma constante independientemente de cuales sean las causas que lo impulsan. El desarrollo sostenible, por el contrario, no tiene nada que ver con la política de explotación masiva de los recursos que permitan el desarrollo de otros sectores. Sin duda es necesaria la explotación de recursos de una manera equilibrada, estudiando los umbrales máximo y mínimo de los diferentes biosistemas y especies que queremos aprovechar, procurando una explotación que garantice la recuperación de la especie utilizada, así como la de todas sus asociadas. Esta es la única forma para que el desarrollo económico sea sostenible, sin necesidad del abandono de la explotación de las tierras y las especies. No es posible un desarrollo sostenido sin un desarrollo sostenible. La actividad antrópica está tan unida al medio que, probablemente, el abandono de su explotación significaría una crisis ecológica de dimensiones no deseables.

     La riqueza que puede suponer un recurso no viene sólo de su posibilidad de utilización inmediata, sino de su posibilidad de usarlo a largo plazo de forma sostenible, y garantizando su permanencia. Además, el concepto de recurso varía con la tecnología, por lo que un elemento de la naturaleza que hoy no se emplea, y por lo tanto no es un recurso, puede llegar a serlo en el futuro. Esquilmar el entorno para aprovechar un recurso implica eliminar la posibilidad de utilizar otro elemento que hoy no se tiene en cuenta.

     Por ello se debe investigar cuál es la población mínima, o la cantidad del recurso mínimo, que asegura su regeneración. Además, hay que determinar qué importancia tiene esa especie, o recurso, en el equilibrio del ecosistema, y qué función cumple. Tan importante como asegurarse la renovación del recurso es cerciorarse de la persistencia del ecosistema que le sostiene, ya que sin él el recurso desaparece.

     El desarrollo económico viene, pues, de la posibilidad de utilizar un recurso asegurando su regeneración y su equilibrio ecológico y, la creación de una tecnología que haga menos agresiva su transformación, haciendo perder menos peso en el proceso de transformación, y utilizando menos energía, o la energía liberada en el propio proceso de transformación. Cuanto mayor sea la eficacia del proceso de transformación y menor el consumo de energía mayores serán los beneficios.

     Existen numerosas industrias que en el proceso de fabricación generan calor, que podría aprovecharse para producir la electricidad necesaria, es la cogeneración, en la cual una planta puede producir la energía que consume, e incluso más.

     Hoy en día la economía está interrelacionada, lo que significa que el agotamiento de los recursos implica la ruina de muchos sectores. Una crisis en una región afecta a la economía de todo el mundo, y en todos los sectores, en un tiempo muy breve.

     Es un peligro la explotación masiva de los ecosistemas naturales, como ocurre en la Amazonia, con métodos de explotación agresiva que destruyen el ecosistema y no permiten la regeneración de los recursos.

     La solución de los problemas de desarrollo de los países del Tercer Mundo pasa por el desarrollo local, es decir, la creación de circuitos de producción y consumo en mercados de ámbito local, que permitan la creación de capitales autóctonos, bien distribuidos entre todas las clases sociales. Esto implica que la economía debe producir primero para el consumo interno, y no para exportar los recursos que se pueden vender en el mercado internacional de manera especulativa. Este es el modelo de crecimiento que llevó a Japón a ser la segunda potencia del mundo capitalista, basada en el impulso del crecimiento de la demanda interna, y sólo una vez satisfecha esta se dedica parte de la producción a la exportación.

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