La primera revolución industrial no cambia en exceso las cosas, ya que los bienes producidos por las fábricas son mayoritariamente bienes de equipo, que son consumidos por la propia industria y el transporte: tractores, ferrocarriles, máquinas, etc. Sin embargo, el consumo de bienes de primera necesidad sí cambia. Continúan siendo el mismo tipo de artículos, pero ahora se compran en las tiendas permanentes que aparecen en las ciudades.
La burguesía cambia sus hábitos de consumo en mayor medida. Dedica un menor porcentaje de sus ingresos a la alimentación y la vivienda, y más al ocio y los gustos ostentosos y suntuarios.
El cambio radical que suponen la creación de mercados nacionales e internacionales, permite que determinadas zonas se especialicen en un producto, buscando ventajas comparativas; lo que implica que son necesarios los transportes y los mercados permanentes. Ya no es posible abastecerse de todo en el entorno inmediato.
Tras la gran crisis de finales del siglo XIX la industria comienza ha producir bienes de consumo, y los productos financieros, como el crédito, se populariza, empezando una fiebre consumista por parte de la burguesía y la pequeña burguesía que hace creer espectacularmente la economía. Este sistema entra en crisis en 1929 de una manera trágica, haciendo aumentar el paro y disminuyendo el consumo. De esta crisis se sale tras la segunda guerra mundial gracias al gasto público y al aumento del gasto privado. Aparece, así, la sociedad de consumo de masas, como instrumento imprescindible para sostener el sistema económico capitalista. Los objetos de consumo se abaratan, se diversifican y aumentan las rentas nominales. Este incremento de las rentas supone que se dedique un menor porcentaje a la alimentación, el vestido, la vivienda y las necesidades básicas, y que se aumente el gasto en el equipamiento del hogar, tecnológico, el automóvil, el ocio, etc., que progresivamente se van convirtiendo en necesidades básicas.
Este consumo en masa de los productos supone una subida de los precios de las cosas, es decir: inflación, que si es demasiado alta implica una pérdida del poder adquisitivo de las rentas, y una disminución del gasto, con lo que el sistema económico entra en crisis.
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