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La ciudad y el sector terciario

     Cuando un país se industrializa sus ciudades crecen espectacularmente, y con ellas el sector terciario y de servicios, que es indispensable para poder vivir en una ciudad.

     El éxodo rural aparece con la industrialización para concentrar en un punto mano de obra y trabajo, por un lado, población y mercado por otro. La desvinculación entre la tierra y la población crea un proletariado industrial que sólo tiene para sobrevivir su fuerza de trabajo. Sin embargo, una vez terminado el éxodo rural la ciudad se sigue desarrollando por crecimiento vegetativo endógeno, debido a la transición demográfica.

     No todo el proletariado tiene la oportunidad de trabajar, puesto que la oferta de puestos de trabajo siempre es menor que la demanda, creándose así desempleo, subempleo y economía sumergida. Aparecen, también, los servicios personales en el nivel más bajo.

     Pero no sólo emigran a las ciudades trabajadores del campo, sino, también, los terratenientes, que no tienen que vivir en el campo para mantener sus tierras en producción. Además, emigran los pequeños propietarios que malviven con sus tierras. Con este proceso se descapitaliza el campo en favor de la industria y los servicios. Los capitales liberados son absorbidos por los servicios financieros y la búsqueda de operaciones especulativas.

     En la ciudad los símbolos de la modernidad son los rascacielos del centro comercial y las viviendas en altura para las clases medias, así como las chavolas marginales en las orillas de las ciudades, para los pobres recién llegados, muy visibles en los países subdesarrollados.

     El funcionamiento de una ciudad es imposible sin el sector servicios: los mercados, los transportes, la cultura, la enseñanza, la salud y las finanzas, que en buena medida son responsables del crecimiento de la ciudad.

     El rápido desarrollo de una ciudad implica una rápida construcción de edificios en altura, con los que se especula por el precio del suelo. Esta especulación satisface las necesidades de la oligarquía, que gestiona las ayudas y los recursos que ofrecen las multinacionales y los aparatos estatales.

     Para mantener este estado de cosas, la burguesía acude al Estado, a través del ejército, en caso de peligro, formando dictaduras militares de corte fascista.

     El crecimiento de los servicios en el Tercer Mundo, al revés que en los países ricos, se ha desarrollado antes que la industria. Además, está compuesto, mayoritariamente, por servicios personales.

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