Su teoría se fundamenta en la división del trabajo, en la especialización productiva y en el libre intercambio comercial. Según Adam Smith, el crecimiento económico depende de la amplitud del mercado. Pero el mercado es el gran desconocido de la economía, ya que depende tanto de la extensión geográfica como del consumo interno, y del desarrollo económico.
Para Adam Smith hay dos clases sociales dentro de la fuerza de trabajo, los trabajadores activos y los excedentes o parados, que mantienen el precio de la fuerza de trabajo en niveles reducidos.
La riqueza, para Adam Smith, depende de la capacidad productiva de la industria que produce bienes. Los servicios no crean riqueza. También desarrolla la teoría del valor, según la cual: el valor es el precio de las cosas, es decir, el precio de las materias primas, más el valor añadido por la fuerza de trabajo en su transformación. El precio de la fuerza de trabajo es un precio justo, ya que responde a las leyes de la oferta y la demanda, y es lo que el obrero necesita para sobrevivir, idea con la que justifica el modelo económico capitalista.
El mercado es el que, con medidas de compensación, pone el precio justo, por medio de una mano invisible que vela por la justicia de los precios del mercado, los cuales siempre tienden a estar lo más bajos posible. Además, según Adam Smith, los costes constantes no varían con la escala.
Adam Smith justificará el reparto de la riqueza entre el proletariado y la burguesía porque estas dos clases sociales son las que crean riqueza. Para Adam Smith, la acumulación de capital se debe a las diferencias de trabajo en condiciones iguales, por eso la burguesía tiene derecho a una mayor parte de la riqueza.
El Estado debe intervenir lo menos posible y dejar que las fuerzas de la oferta y la demanda actúen libremente. Adam Smith explica, y justifica, cómo funciona el capitalismo.
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