Por inercia
tendemos
a identificar cultura y progreso, pero la relación entre
ambos conceptos es más compleja de lo que pudiera parecer. Todo
depende de lo que entendamos por progreso. Para Voltaire
(y luego la escuela neopositivista) el progreso de la humanidad era
unilateral
y acumulativo por lo que todas las culturas debían alcanzar los
mismos niveles de progreso, y la sociedad que más había progresado
era la Europea. Rousseau
(y la escuela de Fráncfort más tarde), sin embargo, opinaba
que la civilización y el progreso habían alejado al ser humano
de su naturaleza, por lo que no creía que la ciencia y la técnica
fuesen un verdadero progreso.
No hay que confundir progreso con evolución biológica, ni esta con evolución social. El problema del progreso es determinar qué criterios hay que aplicar, y si estos criterios pueden ser absolutos, ya que cuando una sociedad opta por una determinada línea de progreso abandona otras.
Para medir el
grado de progreso, Leslie White
propuso medir el consumo de energía
por habitante
y año, ya que el consumo de energía revela el grado
de independencia del medio. Esto encaja con el ideal de
progreso
científico y técnico del modelo occidental y permite señalar
a la sociedad estadounidense como la más desarrollada. No obstante,
las nuevas tecnologías de bajo consumo han echado por tierra esta
propuesta. Pero, ¿porqué no han de ser progreso los valores
espirituales que tanto se cultivan en otras culturas, máxime cuando
son capaces de obtener del medio todo lo que necesitan para su
subsistencia,
y su permanencia, ya que estas culturas son capaces de explotar el
medio
sin esquilmarlo? Sin embargo, casi no nos podemos sustraer al vicio del
etnocentrismo,
y considerar a la propia como la cultura superior.
El relativismo cultural nos enseña que ningún criterio permite juzgar en absoluto una cultura como superior a otra.
Sin embargo,
no
tendría sentido negar la evolución, y el progreso,
de la humanidad sobre la Tierra. Pero este progreso es
discontinuo.
Para Lévy-Strauss
,
el progreso no es ni necesario ni continuo,
sino que
evoluciona a saltos cuando se produce un cambio de orientación en
los objetivos de la sociedad.
Pero, además,
el progreso no ha sido impulsado nunca por una sola cultura, sino que
ha
surgido de la cooperación de
varias, ya que
en el contacto se crean
preguntas nuevas y respuestas
originales, que constituyen el progreso.
El materialismo cultural es una estrategia eficaz para intentar comprender las causas de las diferencias y semejanzas entre sociedades y culturas. Se basa en que la vida social humana es una reacción frente a los problemas prácticos de la vida terrenal. Para ello utiliza el método científico de investigación, alejado del determinismo; sin embargo, sus conclusiones no dejan de ser relativas. No cabe duda que el progreso del ser humano sobre la Tierra se debe a las respuestas que se han ido dando a los problemas a lo largo de la historia, así como a la posibilidad de comunicarlos a los demás e ir acumulando las experiencias.
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