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El Renacimiento: El absolutismo y Maquiavelo

     El Renacimiento es una época en la que el sentido de renovación política se siente como una necesidad. Aparecen nuevas ideologías que rechazan el sentido del Estado y del poder medieval, como el Humanismo, y se impone una nueva clase social, la burguesía, que será quien impulse esa ideología. Esta burguesía es principalmente mercantil, y aunque es capitalista, continúa aceptando la posición social que ocupa.

     El Renacimiento se caracteriza, también, por las guerras de religión y la formación de los Estados nacionales, que son posibles gracias al absolutismo monárquico. Se amplía el comercio, tanto nacional como internacional, gracias a la mejora en la seguridad de las rutas que proporciona la existencia de un Estado nacional. Las guerras de religión tienen su origen en el conflicto entre la Iglesia y el Estado, y sobre quién ha de dominar el Imperio, el emperador o el papa.

     Los pensadores políticos de la Edad Moderna son muchos: Erasmo de Rótterdam, Tomás Moro, Lutero, Calvino, Maquiavelo, Hugo Grocio, Thomas Hobbes, John Locke, Montesquieu, Rousseau, David Hume, Burke, Thomas Paine, Jeremy Bentham, James Mill o Herbert Spencer.

El absolutismo

     El absolutismo es una doctrina política que afirma que el rey es el único con poder para crear leyes. El rey ejerce el poder sin restricciones, ya que le viene de Dios. Esta es la doctrina política que impera en la mayoría de los países europeos. En el siglo XVI se forman tres grandes países absolutistas, Inglaterra, Francia y España.

     Para autores como TindalePronunciado /tindal/ y Garner, la rebelión es siempre condenable, ya que la autoridad ha sido instituida por Dios, y la obediencia a los reyes es un deber natural. El rey representa la imagen de Dios en la tierra. Se condena no sólo la rebelión contra el rey sino también contra el orden social establecido.

     Los pensadores que sustentan esta ideología, que llega a ser popular, son, principalmente, los letrados que estudian en las universidades. La Iglesia se aparta un poco de esta idea, puesto que supone anteponer la autoridad del rey a la del papa, en realidad lo que defiende la Iglesia es el absolutismo del papa.

     Sin embargo, aunque el rey tiene todo el poder, no debe abusar de él, y debe aceptar las costumbres de los reinos que regenta. Según SeysselPronunciado /séisel/ el poder real está limitado por tres frenos: las obligaciones de conciencia del rey y el carácter cristiano de la monarquía, los parlamentos y las buenas leyes; ordenanzas y costumbres de los reinos.

     El más famoso defensor del absolutismo es Maquiavelo, que aboga por un ejercicio del poder exento de moral.

Maquiavelo

     Nicolás Maquiavelo (1496-1527) nace en Florencia en 1496. En 1513 escribe El Príncipe y más tarde Discursos sobre los diez primeros libros de Tito Livio: las dos obras fundamentales que definen el pensamiento político de Maquiavelo.

     En la época en que vive Maquiavelo se consolidan tres monarquías absolutas: Inglaterra, Francia y España. Es, también, el momento en que declina el Imperio, heredero del Imperio carolingio.

     Para Maquiavelo el poder es: la capacidad de obligar a otros a la obediencia. En el ejercicio del poder rechaza cualquier norma ética o moral en favor de la razón de Estado y la eficacia. Todo es válido en la práctica del poder.

     Maquiavelo es partidario del Estado republicano, aunque en situaciones difíciles es necesario acudir a un príncipe que mantenga el orden. La anarquía es el peor de los males, y un príncipe es preferible a la anarquía. Existe un ciclo inevitable en las formas que adopta el Estado: monarquía, tiranía, aristocracia, oligarquía, democracia y anarquía. Esta última fase ha de ser evitada con el recurso a un príncipe fuerte, con lo que se vuelve a la monarquía.

     El príncipe ha de conservar todo el poder en sus manos, estudiar lo que la gente quiere, ha de emplear la violencia con medida, y ha de mantener al pueblo contento, para lo cual, si es necesario, ha de instrumentalizar la religión, para conseguir sus fines políticos. También puede utilizar la censura para evitar que el pueblo se corrompa, y ha de proporcionarle educación cívica y amor a la patria. El príncipe ha de tener el apoyo del pueblo. En un principio apoyó la rebelión contra un príncipe cruel, pero cuando conoció las primeras rebeliones las condenó.

     Para Maquiavelo, un país es afortunado cuando tiene unas leyes que le hacen continuar como tal, le sostiene y a las que todos están sometidos. Es un Estado de Derecho. Es necesaria la ley y la moral del pueblo, pero el príncipe está por encima de ella, en virtud de la razón de Estado y la eficacia política.

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