La arquitectura racionalista se caracteriza por la desornamentación decorativa, la sinceridad de los materiales (que alcanza su máxima expresión en el brutalismo de Auguste Perret), y los volúmenes de geometría perfecta, cubos y prismas cuadrangulares. El racionalismo rompe con el pasado en sus símbolos y su lenguaje. La forma es consecuencia de la función. El racionalismo triunfa sin paliativos porque ayuda a las nuevas tecnologías y se sirve de ellas, de la industria, y además ayuda a optimizar el precio del suelo en los países capitalistas. Sin embargo, el racionalismo no pretende limitarse a construir edificios, sino que es toda una nueva concepción de la ciudad como centro urbano, mercado y lugar de habitación. Propone dividir la ciudad en espacios funcionales, pero organizados racionalmente y no dejando a las fuerzas del mercado capitalista la organización de la ciudad. Esta concepción de la urbe, dividida funcionalmente, tiene gran peso en las ciudades actuales, aunque no se han podido librar del peso de la historia, ni del imperio del mercado del suelo.
El racionalismo
nace con la influencia decisiva de la Bauhaus
y el arte abstracto de Kandinsky, Malévich, Mondrian y Klee
.
Pretende liberar al arte de toda ideología,
a través de la ciencia y las matemáticas, pero al mismo tiempo
hacerlo accesible a todos en igualdad de condiciones, libre de las
fuerzas
del mercado, lo que le acerca al socialismo.
La figura
más representativa del movimiento moderno
es
Le
Corbusier. Para Le Corbusier cada
casa es una máquina
para vivir. La técnica se une a la tecnología en los
edificios para hacer más cómoda la vida. El edificio
debe identificarse con su entorno,
y debe tener un
espacio verde a su alrededor, para integrar la naturaleza con la
vivienda.
Esta identificación con su entorno natural le acerca a los utópicos
del neoclasicismo, y al organicismo
de Wright
,
un arquitecto estadounidense que construye casas de campo integradas en
la naturaleza hasta perderse.
Todas estas ideas sobre el arte moderno se recogen en el CIAM, Congreso Internacional de Arte Moderno, celebrado en Atenas en 1933.
Auguste
Perret
(1874-1954) es el primero en utilizar el hormigón
armado de manera integral en un edificio de viviendas,
aunque no
inventa su técnica ya que venía siendo utilizada en obras
de ingeniería. Lo que sí hace es utilizarlo como
elemento arquitectónico dejándolo a la vista. Número
25 de la calle Franklin en París, teatro de los Campos Elíseos,
reconstrucción de Le Havre
,
Notre-Dame
de Le Raincy
.
En Alemania
aparece un movimiento arquitectónico
expresionista,
cuyos edificios asemejan cuerpos vivos. Entre estos arquitectos
destacan
Hans
Poelzing
(1869-1936):
depósito de agua de Posen,
Fritz
Hoeger
y Erich Méndelssohn
,
almacenes
Peterdoff
en Stuttgart
.
Walter
Gropius (1883-1969) es uno de los primeros y
más importantes
arquitectos del movimiento moderno. Fue el fundador
de la
Bauhaus y uno de sus miembros más destacados, así
como su animador e ideólogo.
Comienza interesándose
por las viviendas normalizadas
y las casas
baratas para los obreros. En 1911
construye
la fábrica Fagus, que es toda una revolución
en la concepción de los grandes espacios. Utiliza grandes
superficies acristaladas y suprime los soportes de ángulo, utilizando,
y reinventando, el muro cortina,
un muro que cubre
la fachada sobresaliendo algo de los soportes de los edificios. En 1914
construye la fábrica modelo de la exposición
Werkbund
,
en la que utiliza una serie de cajas en
jaula, dispuestas
en alto y que sirven de oficinas acristaladas. En 1926
construye
la sede de la Bauhaus en Dessau, muy influido por
el cubismo pictórico.
En 1938 se instala en Estados Unidos
huyendo de los nazis. Construye en Harvard
,
donde da clases, un conjunto de dormitorios
para estudiantes.
En 1963 construye el edificio
de la Pan Americana
(Pan-Am) en Nueva York,
un auténtico símbolo
de los rascacielos dedicados íntegramente a oficinas.
Otro de los
grandes arquitectos racionalistas es Ludwig
Mies van der Rohe
(1886-1969). En 1930 es director de la
Bauhaus, su
último director. Mies van der Rohe estudia las posibilidades
técnicas de los nuevos materiales y los prefabricados. Su
funcionalismo es muy riguroso, pero también muy elegante.
Es un auténtico maestro en la creación de espacios abiertos
con sólo uno o dos muros. Entre 1919 y 1923 proyecta
construir un rascacielos de cristal y un edificio de
oficinas de
hormigón recubierto de cristal, pero la industria no está
preparada para proporcionarle los materiales. En 1929
construye el pabellón alemán de la Exposición Internacional
de Barcelona, una auténtica joya del racionalismo
más austero. Su estética esta influida por el
constructivismo
de Mondrian. En 1938 también emigra a EE
UU
huyendo de los nazis. Aquí realiza múltiples obras. Por fin
en 1951 levanta su edificio
soñado, un edificio
de cristal que consta de una planta rectangular y un
prisma, el
edificio
Seagram
en Chicago, que termina en
1958.
En Estados
Unidos también hay grandes arquitectos racionalistas. El
más representativo de ellos es Frank
Lloyd Wright
(1867-1959), que trabaja en Chicago,
y conoce la arquitectura
del hierro y el cristal. Su arquitectura se caracteriza por la integración
orgánica del edificio y la naturaleza, tanto por sus
formas
como por los materiales que utiliza. Son típicas sus casas de campo,
de techos bajos y amplias salas: Museo Guggenheim
,
casa Kaufmann.
Le
Corbusier (Charles Edouard Jeanneret
)
(1887-1965) es el gran teórico del
movimiento.
Nace en Suiza, pero trabaja
en todo el mundo. Es un
gran activista del movimiento moderno
que divulga
los principios del racionalismo por todo el planeta. Concibe una sociedad
nueva para la que hace falta una nueva
ciudad.
En 1928 publica en la
Revista de Occidente
Arquitectura
de la época maquinista, en donde resume
su ideología
arquitectónica: construcción sobre pilotes para permitir
un jardín en el suelo, aprovechamiento de las terrazas como espacio
verde, plano libre, ventana continua en horizontal, fachada cortina e
independiente,
etc. En los años veinte construye varias
villas e
iglesias con estas premisas. En 1933
promueve la Carta
de Atenas, que recoge los principios del CIAM,
los cuales serán decisivos para la construcción de la ciudad
moderna: segregación funcional del lugar de trabajo, ocio, transporte,
vivienda, mercado y centro cívico y de cultura (que debe ser el
centro de la ciudad). Le Corbusier lleva a la práctica la construcción
por módulos, unidades de habitación,
en el bloque de apartamentos que construye en
Marsella en
1947, todos ellos iguales y cúbicos. Inventa, también, el
dúplex. Su obra contiene muchos edificios famosos, como la
casa
Citroën que construye en 1921. Obras suya son villa
Savoye
en Poissy
,
villa
Stein en Graches, Notre-Dame de Haut
en Ronchamp, Tribunal Supremo de Chandigarh.
Alvar
Aalto (1898-1976) es un finlandés que, junto
a Wright,
es el representante más destacado de la arquitectura
orgánica. Construye en la
naturaleza y en armonía
con ella. Su obra más significativa es el sanatorio
de
Paimio, en el que los bloques
están separados
funcionalmente y unidos por pasadizos
elevados
o subterráneos en diferentes pabellones.
Otras
obras suyas son el Ayuntamiento de Saynatsaelo, Caja de
Ahorros de Helsinki
,
Ópera de Essen, Museo de Arte de Bagdad.
Otros
arquitectos importantes son Tony Garnier:
ciudad
industrial de Lyon
,
Adolf
Loos
(1870-1933): villa Steiner, almacenes Michaelerplatz,
Hendrik
Petrus Berlage: Bolsa de Amsterdam,
Jacobus
Johannes Pieter
Oud, Marcel Breuer
y Philip Johnson
.
En España
el racionalismo entra por medio del grupo GATEPAC
(Grupo
de artistas y técnicos españoles para el progreso de la arquitectura
contemporánea) que introducen los ideales del CIAM. Aquí
encontramos a García
Mercadal:
rincón
de Goya en Zaragoza, cine Fígaro
en Madrid,
Sánchez
Arcas:
cine Coliseo en Madrid,
Carlos
Arniches:
Residencia de Señoritas de la calle Miguel
Ángel,
José
Manuel
Aizpurúa, Josep Lluis
Sert: ciudad de reposo en Gavá
y en Castelldefels
,
Germán
Rodríguez Arias: edificio Astoria,
Raimon
Duran i Reynals y
Josep Torres Clavé: Dispensario
Central Antituberculoso.
Todos ellos trabajaron, fundamentalmente, durante la segunda
República. Durante el franquismo
destacaron
Miguel
Fisac, Francisco Javier Sáenz de Oiza, Javier Carvajal, Oriol Bohigas,
Ricardo Bofill, Fernando Higueras
y
José Rafael Moneo, alguno de los cuales
trabajan aún.
Algunos españoles, que trabajaron sobre todo en
el
extranjero son
Eduardo
Torroja
(1899-1961):
mercado de Algeciras, tribunas del hipódromo de
la Zarzuela, puente de Martín Gil sobre el Esla, Club
Tachina
en Caracas,
Josep
Lluis Sert
(1902-1983):
embajada de Estados Unidos en Bagdad, Fundación
Miró en Barcelona, Félix
Candela, José
Antonio Corrales,
que trabajó
conjuntamente con Vázquez
Moreluz: Pabellón
de los
hexágonos (1958), Casa Huarte en Madrid
(1965), Unidad
Vecinal Elviña (1964-65) en La Coruña, sede de Bakunión
(1972-73) en Madrid, Facultad de Informática de Málaga
(1989-95).
En el Tercer Mundo hay que señalar las construcciones de Ciudad de México, con Félix Candela: Palacio de los Deportes de Ciudad de México, como figura más importante. La creación de Brasilia, con arquitectos como Oscar Niemeyer, Lucio Costa y Eduardo Alfonso Reidy. También veremos algunos de los edificios más altos del mundo, como la torres Petronas en Kuala Lumpur, Malasia (452,60 metros).
También hay que reseñar la labor de la reconstrucción de Japón tras la segunda guerra mundial, con arquitectos como Kenzo Tange: complejo olímpico de Tokio, Kiyonori Kikutake: Ciudad marina, Masato Otaka y Arata Isozaki.
La arquitectura racionalista es imitada y repetida en todo el mundo, por todas partes y por todos los arquitectos, gracias a las publicaciones que permiten construir a los arquitectos de segunda clase como si fuesen de primera. Los arquitectos trabajan mucho en el Tercer Mundo, ya que aquí hay menos limitaciones legales para construir, y dinero suficiente. Su difusión es tan grande y profunda que es la que hoy configura la ciudad contemporánea, la ciudad en la que vivimos diariamente. Lamentablemente, los ideales del CIAM se han quedado en una técnica constructiva que permite aprovechar al máximo el precio del suelo, lo que ha dado a nuestras ciudades un aspecto claustrofóbico.
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