La pintura naíf se presenta como fruto de la intuición personal, suelen ser pintores autodidactos que representan escenas pintorescas del campo o lugares salvajes; de ahí su cierta ingenuidad en la composición y el dibujo. En realidad, la pintura naíf no constituye un movimiento sino una serie de individualidades en diferentes países, aunque con características comunes.
La pintura metafísica, por el contrario, es la representación estudiada del mundo onírico, lo que la hace precursora del surrealismo. Su carácter estático la enfrenta con el futurismo. Presenta perspectivas bien trazadas en las que se sitúan figuras despersonalizadas dentro de una realidad sin vida.
Dentro de la
pintura
metafísica encontramos a Giorgio
Chirico
,
que es su representante más destacado. Sus obras se
caracterizan por la geometría arquitectónica, los
volúmenes sencillos, una cierta ingenuidad y los climas oníricos
que apelan a las grandes preguntas de la humanidad. Sus obras
desprenden
soledad,
potenciada con las figuras de maniquíes y
estatuas:
Héctor y Andrómaca, Estatua silenciosa, Plaza de Italia,
Interior metafísico con pequeña fábrica, La recompensa
del adivino. También están
Carlo
Carrá:
El gentil hombre borracho, Ídolo
hermafrodita, El caballero de occidente, y Giorgio
Morandi:
Naturaleza muerta con caracolas, Naturaleza muerta,
que son otros dos destacados representantes de la pintura metafísica.
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