El neoimpresionismo
también es conocido con el nombre de divisionismo
y puntillismo. En realidad
se trata de un impresionismo
radical, en cierta manera disidente, que lleva a las
últimas
consecuencias las teorías científicas sobre el color y la
luz de Michel Eugène Chevreul.
Sin embargo, sus cuadros se diferencian
netamente
del impresionismo clásico. Vuelve a cobrar importancia el dibujo,
que se había abandonado a favor de las manchas de color. Las figuras
se hacen geométricas. No se
mezclan los colores
ni en la paleta ni en el cuadro, sino que se aplican unos junto a otros
con pinceladas muy cortas: puntos.
Sólo usan
los colores primarios y el
ojo debe hacer la mezcla.
El impresionismo se hace consciente de su técnica. Además,
estaba siendo aceptado como un nuevo academicismo. Exponen en el Salón
de los Independientes, rechazados por la exposición
oficial.
Los puntillistas
vuelven
al estudio, ya que sus cuadros requieren una
larga
elaboración, en ocasiones muy compleja, que no se puede
hace
en un momento. La obra resultante suele pecar de rigidez
y artificialidad. Los temas
continúan
siendo los típicos del impresionismo, incluso se hace más
hincapié en el tiempo de ocio burgués. Como la técnica
no permite la espontaneidad, el divisionismo lo practicaron pocos
pintores,
aunque muchos se interesaron por él.
Los
puntillistas
Georges
Seurat
(1859-1891) es quien antes plasma en una obra de arte la nueva técnica.
Se caracteriza por la
fragmentación de la línea
en puntos de color. Sus puntos son extremadamente pequeños. Sus
figuras
son, básicamente, geométricas. Entre sus obras destacan Una
tarde de domingo en la Grande Jatte,
Un baño en Asnières
y El circo, obra en la que trata
de introducir movimiento,
aunque resulta muy artificiosa.
Paul
Signac
(1863-1935) es la otra gran figura del divisionismo. Es el gran
teórico del puntillismo, escribió De Delacroix
al neoimpresionismo, donde expone sus ideas. En sus obras
pretende
potenciar
al máximo la luz, el color y la armonía. La fusión
óptica cromática la debe de hacer el espectador. Utiliza
pigmentos y colores puros. Da mucha importancia a la composición
del cuadro. Entre sus obras destacan
El puerto de Saint-Tropez,
Mujer
ante el espejo, Muchacha empolvándose y Vista del
puerto
de Marsella.
Otros
pintores que ejercieron este estilo fueron Charles
Angrand: Pilas de heno,
Henri-Edmond
Cross: El puerto de Toulon,
Maximilien
Luce:
Calle
de Pont-Aven, los belgas
Henri
Clemens van de Velde y
Theodore van Rysselberghe,
y los italianos Gaetano
Previati, Daniele Ranzoni y
Giovanni Segantini.