Pero los grandes
teóricos del neoclasicismo fueron dos críticos de
arte Johann
Wínckelmann
y el, también pintor, Antón
Rafael Mengs, que estudian la antigüedad
clásica,
y propugnan el purismo y el clasicismo
como virtudes
del arte antiguo, y la serenidad y el
equilibrio como
modelo de belleza.
Como lo hiciera el barroco, el nuevo estilo sirve de propaganda tanto para el Antiguo Régimen como para los Estados liberales. Aparecen en todas las capitales arcos de triunfo y puertas conmemorativas. El Estado es el impulsor del nuevo arte. Napoleón alienta el primer gran neoclasicismo, dando un carácter monumental a unos edificios que paga el Estado.
Jacques-Germain
Soufflot
(1713-1780) es el primer gran arquitecto plenamente
neoclásico.
Construye el Panteón en París. Los edificios recuerdan
a los templos clásicos como el Partenón, aunque son
más grandes y no tienen acceso por todas partes. Son edificios
de uso público, de nueva planta, que se dedican a la
Administración del Estado o al ocio de la burguesía,
como los casinos y teatros. Otra obra suya es la iglesia de
Santa Génova.
Algunos arquitectos
continúan con ciertos convencionalismos
barrocos,
como Víctor
Luis,
que siendo neoclásico tiende a utilizar elementos barrocos, como
en la Comedia de Burdeos o Lyon,
y Pierre
Vignón
en La Madeleine.
Charles
Percier (1764-1838) y Pierre
Fontaine
(1762-1853) son los arquitectos oficiales
de Napoleón.
En realidad son más decoradores de
interiores
que arquitectos. Son los creadores del estilo
imperio,
caracterizado por los muebles macizos, la decoración geométrica
y la profusión de curvas. En 1812 publican
un Manual de decoración de interiores, en los que
recogen
cómo se realiza su arte. Desde entonces, el más alto arte
está al alcance de cualquiera, y tiene gran difusión.
Giovanni
Battista
Piranesi (1720-1778) es, probablemente, el
arquitecto italiano
de mayor prestigio. Conoce
la obra de Vitrubio y Palladio
,
los grandes arquitectos de la Antigüedad y el Renacimiento,
respectivamente.
Aboga por las grandes escenografías
interiores.
La amplitud del espacio interior es lo que caracteriza su obra.
Giuseppe
Valadier (1762-1839) es otro de los grandes
arquitectos del
momento. Pudo realizar algunas obras en
Roma, lo cual
era muy difícil, como la Casa del Pueblo.
Existió, también, una escuela lombarda en la que Giovanni Antonio Antolini era el arquitecto más representativo. Su arquitectura es utópica, severa y moralizante. Como buen neoclásico que era, para Antolini la belleza tiene por fundamento la necesidad, todo lo necesario es bello. Su obra más importante es el foro de Milán.
En Rusia
los arquitectos están al servicio del Estado
de los
zares, con obras como las de San
Petersburgo y Moscú.
Destacan Bartolomeo
Francesco Rastrelli
:
palacio
de Petrov, Palacio de Invierno, en San
Petersburgo,
Andréi
Dimitróvich Sajarov: edificio del
Almirantazgo
en San Petersburgo, y Matvei
Kazárov:
el Senado en Moscú,
Teatro
Bolshoi.
En Alemania
los arquitectos estaban al servicio del emperador
prusiano,
que muestran su poder. Destacan
Karl
Gotthard Langhans
:
la puerta de Brandenburgo, Karl
Friendrich Schinkel
:
palacio
imperial de Berlín, y Leo
von Klenze.
El arquitecto más reconocido es Francisco Sabatini (1722-1797), que trabaja para Carlos III y realiza obras como la puerta de Alcalá. Juan de Villanueva (1739-1811) construirá la fachada del palacio del Pardo y la puerta del Jardín Botánico. Silvestre Pérez (1767-1825) también trabaja en Madrid.
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